Posted On: November 7th 2025, 06:09 pm
Todas las mañanas ocurre lo mismo: me la encuentro sobre el níspero. No sé qué hace ahí, porque no es época de frutos. Ahora empieza a florecer. Una flor que, si te soy sincero, no destaca por su belleza. Igual que ella. Quizás por eso la tórtola está ahí, sin hacer nada más que observar.
A veces creo que busca venganza porque, en verano, uno de los gatos decidió merendarse al mochuelo que crió con su pareja. Otras veces pienso que la tragedia la ha dejado sola, y está esperando a encontrar, de nuevo, el amor.
Su gorjeo suena cada vez que me ve, como si me diera los buenos días. El otro día se los devolví, por cierto. Igual que Rosalía con Björk.
Pero esta madrugada el insomnio ha decidido visitarme. Me he despertado abrazado a esa almohada que empieza a dejar de oler a él. Estaba un poco húmeda. No sé si por las babas o las lágrimas. Desde hace semanas no recuerdo lo que sueño.
El aire ha dejado de existir. No huelo el aroma de la dama de noche. Se ha convertido en un ritual salir antes de que amanezca, con el pecho hecho una piedra, la cabeza con agujetas y la boca abierta. A veces miro al cielo, otras a la montaña, otras al mar. Me da igual. Lo hago hasta que puedo volver a respirar.
Bueno, pues ahí estaba. Otra vez. La fea y solitaria tórtola. Mirándome, girando el cuello de esa forma tan sobrenatural, como si estuviera esperando a que me diera un infarto. Me he acercado a espantarla, pero solo ha cambiado de rama. Le he gritado qué estaba mirando, mientras el horizonte se encendía.
Justo cuando ha empezado a asomar por el mar esa enorme bola naranja de fuego, escondida entre las nubes de la mañana y la bruma de la madrugada, la tórtola ha mirado hacia el sol y ha echado a volar.
Sola.
Me he quedado como un tonto, mirando su silueta avanzar hacia el horizonte hasta que se ha diluido en él, preguntándome a dónde va, con quién se va a encontrar.
El aire regresa. Mi pecho se vuelve a mover. El corazón, a bombear. No huele a dama de noche, pero sí a cítricos, plataneras y, por supuesto, a mar.
Quizás yo también, en breves, pueda echar a volar.