5 días caminando en medio de selva, cascadas, ríos, montañas, piedras, bichos… muchos bichos, y 20 personas que se quedarán en mi corazón para siempre.
1.200 “escaleras” —si es que así se les puede llamar— hechas de piedras donde ni mi pie (talla 35) cabía, para llegar a Teyuna, una ciudad más antigua que Machu Picchu, ubicada en este paraíso en el que vivimos: Colombia, en medio de la Sierra Nevada, donde la única forma de llegar es CAMINANDO…
Un viaje con mi versión más sencillita, donde NUNCA nos faltó nada, pero tampoco tuvimos nada de más. Solo la compañía, la naturaleza y la certeza de que el camino nos estaba regalando cosas increíbles… regalos que siento que aún hoy seguimos recibiendo.
5 días llevando mi cuerpo al límite —física, mental y emocionalmente— (ver la última foto), donde cada conversación tuvo un valor inmenso. Y no hablo solo de las conversaciones entre nosotros, sino de las que cada uno tuvo con la montaña… porque todos íbamos con un propósito distinto, y estoy segura de que todos volvimos con certezas nuevas.
De este viaje no solo me llevo las millones de imágenes que guardaron mis ojos, viendo la riqueza natural de Colombia. También me llevo el recuerdo de haber recorrido este camino con mi papá —nuestro primer viaje solos—.
Me llevo la alegría de poder ser auténtica: Mica, loca, bullosa, aventada… y oficialmente una niña de la selva certificada 🌿
Me llevo la paz de estar en coherencia con quien soy hoy. Me encanta esa versión de mí.
Y la certeza de que una patica al frente de la otra… te lleva a lugares INCREÍBLES.
Gracias, Ciudad Perdida, porque sigo procesando el regalo que fuiste.
@espiraltravel gracias siempre 🤍
Y si algo me quedó claro… es que no estaba perdida, estaba en el camino correcto… porque una patica al frente de la otra no solo te lleva lejos, también te saca de donde no es.