3 months ago2000 años sobrellevando la idea acerca de la selectividad entre el yo y la experiencia vivida. El teatro griego y la tragedia, Platón reconfortando a los más jóvenes y su falta de experiencia. Dios dando el pulgar arriba o abajo como un antecedente de la selectividad artificial, cuyo oficio llegó hasta el anfiteatro romano como un antecedente de la selectividad fascista del lema "muere ahora y vive después". La idea de la realidad dada como un antecedente del Ur-fascismo que no deja espacio a considerar a la experiencia vivida como un fenómeno prelingüístico y preconceptual. Samuel Beckett, al igual que William James, logra desinstitucionalizar las experiencias religiosas para no caer en la trampa de los dogmas eclesiásticos, como bien lo dice una de las actrices en su discurso final al de la obra: "Dios está en todas partes", no como una figura trascendental, sino como un personaje más que se levanta y no se desentiende del fracaso como una forma de ir más allá de la objetivación mesiánica. Samuel Beckett siempre quiso ir más allá de la objetivación psicológica como una forma de luchar en contra de la domesticación de la mente humana en su faceta de la trampa ciega de origen patrilineal porque su misma experiencia vivida le enseñó que en el fracaso y el desapego a esa ciega esperanza que surge de la experiencia como algo absoluto, objetivado y dado como un fin en sí mismo, solo hay cabida al fascismo y a la negación constante de una posibilidad de cambio.
