3 years agoEs espiritual porque estamos profundamente desconectados. Primeramente, de nosotros mismos. Y, desde ahí, también de las demás personas y seres, de nuestro entorno, del planeta y del universo. Es tal el nivel de complejidad de las ramificaciones de la interconexión e interdependencia entre todo lo que existe que, aunque pongamos toda nuestra inteligencia, recursos y capacidad al servicio de identificarlas y comprenderlas, apenas conseguiríamos distinguir y explicar acabadamente un minúsculo porcentaje. Ahí radica nuestra pequeñez e insignificancia en relación al universo. Ahí radica el misterio. Es tal la armonía en el funcionamiento de un ecosistema sano y vibrante, que a simple vista el rol de su flora y fauna nos parece indistinguible, casi imperceptible. Por eso, como cuando hacemos ingeniería inversa, a veces nos es más fácil comprender el rol clave de una especie en el ecosistema del que forma parte recién cuando negligentemente la eliminamos hasta su extinción. Tal vez, entonces, escuche una vez decir, recién seremos una especie bienvenida en este planeta cuando como civilización consigamos finalmente funcionar como una especie indistinguible del ecosistema del que hacemos parte, coexistiendo en total y completa armonía. Mientras no consigamos reinterpretar y reasimilar nuestro rol en el planeta y el universo, ni concebir una nueva narrativa que reescriba nuestro propósito por generaciones a partir de ese nuevo entendimiento, la realidad nos seguirá mostrando nuestras inconsistencias e incoherencias una y otra vez, por los siglos de los siglos, hasta nuestra extinción. Sí, aunque escapemos primero a Marte y después a otros planetas, la extinción nos perseguirá adonde sea que vayamos. Porque, al menos hoy, todavía, la llevamos dentro. Llego la hora de despertar.
