
3 years agoDe vuelta a casa, busqué una foto de la cena con mis amigos y se la envié a uno de ellos: "Lo pasamos genial en ese sitio, ¿verdad? Me encantaría que volviéramos un día de éstos. Necesito tu opinión sobre el camarero exótico y divino con rastas". Me respondió enseguida: "¡Sí que estuvo genial! Volvemos cuando quieras. Pero, ¿de qué camarero me hablas? No lo recuerdo". Ah, vale. No importa. No habrá prestado atención. Seguí mirando las fotos de aquella noche. Un montón de caras y gestos en primeros planos y otros borrosos al fondo. Pero el camarero divino no aparecía por ninguna parte. Por un momento creí verlo asomando tras una fila de cabezas sonrientes. Pero cuando centré la vista no podía entender qué estaba viendo. Algo que nunca había estado antes estaba allí ahora. En lugar del poste que sostenía el tejadillo de hojas, una pieza de madera oscurecida por el tiempo, tallada con hendiduras profundas. Un totem que parecía representar un majestuoso espíritu aborigen. Coronado con un intrincado tocado y vestido con una túnica en la que se adivinaban restos de colores ocres y amarillos. Los ojos en el rostro de madera parecían estar mirando intensamente a la cámara y, por tanto, en ese instante sentí que me estaban mirando a mí. Con una expresión solemne aunque risueña parecían decirme: “Te conozco. Y tú me conoces a mí.”
3 years agoHace unos días decidí que tenía que ir a probar la última delicatessen que el restaurante anunciaba en internet. Me alegré de sumergirme en su cálido ambiente, en sus colores tan reconfortantes, recrearme en cada detalle de los platos en la carta. Mientras me deleitaba con el plato que había elegido, me entretuve observando a los demás clientes. Una de las mesas estaba ocupada por un grupo de extranjeros a los que se dirigía en su propio idioma el hombre misterioso, con su atuendo habitual y su voz musical. Me intrigaba que el hombre aún pareciera necesitar instrucciones, que le dirigieran como si fuera su primer día de trabajo. Ahora estaba realmente perpleja. ¿Por qué este hombre actuaba exactamente igual cada vez que lo veía?
3 years agoDe reojo, también me fijé en la gente que atendía las mesas. Un par de mujeres simpáticas y amables que de vez en cuando entraban y salían por las puertas batientes de la cocina, y un hombre joven, alto y de piel oscura que permanecía de pie junto a uno de los pilares que sostenían un toldo de hojas sobre una pequeña barra cerca de la entrada. El hombre se dirigía a las dos mujeres en voz baja y parecía tener un fuerte acento de un idioma desconocido para mí. Era muy guapo y sus largas rastas, recogidas en lo alto de la cabeza, le daban una especie de semblante de dios pagano, realzado por su camiseta de color amarillo chillón, a juego con los colores del local. Distraídamente pensé que debía de ser nuevo, porque parecía esperar indicaciones de las mujeres sobre cómo servir las mesas o cómo tomar los pedidos o cómo traerlos desde la cocina. La velada fue tal como había esperado. Salí de allí feliz, como si volviera de un largo viaje. Como era de esperar, volví unos meses más tarde. Esta vez con un grupo de amigos para una de esas cenas navideñas, en la época en la que todo el mundo se empeña en reunirse con todo el mundo y acumular el mayor número de comidas en el periodo más breve posible. Aquella noche el restaurante estaba abarrotado, con un ambiente festivo. Las dos mujeres y el hombre estaban muy atareados tomando los pedidos y procurando que las comandas salieran a tiempo. Aun así, el hombre, que seguía vistiendo la camiseta de color amarillo chillón y sus llamativas rastas sobre la cabeza, parecía moverse con la misma tranquilidad de siempre y hablar con su dulce tono de voz y su marcado acento extranjero. De nuevo, con una mirada de reojo fui consciente de que, en medio del alboroto, parecía esperar indicaciones de las mujeres como si acabara de empezar a trabajar allí.
