Posted On: June 28th 2026, 01:12 am
Si me toca saltar, te llamaré desde el vacío. Le dije a mi hermano antes de colgar. Mi mamá y yo nos abrazamos porque no sabemos si la tierra vuelve a agrietarse y quedamos en bordes separados. Fue un placer ser tu hija, dije; fue un honor ser tu madre, dijo. La antorcha bajo el subsuelo estaba encendida, el aliento saliendo de un niño pequeño, imperceptible, como hormigas bajo el derrumbe de una montaña. La humanidad haciendo cuerpo, moviendo el culo por desconocidos, el boca a boca contemplando acciones, acciones volviéndose eco atravesando escombros. La resistencia que emerge de cuerpos que decidieron quedarse, si es que acaso, podemos decir que en todo esto se hizo la voluntad de alguien. Dios, buscamos en todas partes. Bajo al mundo sin avisar. Resultó, que después de todo, dios era la gente. Quizás, antes también fue así, pero la apariencia del bien y el mal hace lo suyo. El color divide, la cartera fracciona, pero la desgracia: la desgracia terminó siendo punto de partida. Para un cúmulo de gentes que elevan su frente en alto con esa extraña postura, de que pueden con eso y mucho más. El lodo, el fango, la podredumbre donde nace el loto. Las hojas que rompen a volar cuando el viento sopla en nuestra contra, ellas deciden bailar para adornar el cielo cuando la tormenta pasa por encima de nosotros, y por abajo hay una marejada que empieza a supurar hedor. Allí, la gente en el medio. Donde hay corazones blancos que se evaporan de indiferencia, al mismo instante, corazones sangrantes expulsando lava resultan ser abrigo ante la noche más sombría que trajo el atardecer. Dios, cuántas veces he mudado mi creencia y siempre vuelvo al mismo lugar que conozco: naturealeza servida en nuestra mesa, ese cuerpo que aún crucificado emana vida. El maestro Abelardo me dijo que cualquiera sustituía su creencia por alguien que pagara mejor, pero quien lo conoce, no cambia a dios.