Posted On: July 12th 2026, 10:28 pm
Ayer soñé con la casa de mi infancia.
Me encontraba en el segundo piso, donde vivíamos mi familia y yo. Pero en el sueño estaba acompañada por Ernesto y por mis hijos, como si los tiempos se hubieran superpuestos unos sobre otros. El primer piso, donde habían vivido mis abuelos, estaba vacío. No había personas. Solo quedaban los objetos, suspendidos en una quietud extraña, como guardianes de una memoria que se resiste a desaparecer.
La casa como espacio de ensueño y de memoria es una imagen que me ha acompañado durante años. No es casual que uno de mis primeros proyectos fotográficos girara en torno a ella. Desde entonces he vuelto una y otra vez intentando comprender por qué ciertos espacios permanecen vivos en nosotros mucho después de haberlos abandonado.
Hace algunos meses terminé un Fotolibro al que llamé La Casa Respira. Es un trabajo realizado a lo largo de varios años, iniciado durante noches de insomnio, antes de la pandemia, y sostenido por una necesidad que entonces no lograba nombrar. Fotografié la casa donde vivimos casi cuarenta años, mientras
realizaba el proyecto, creía estar registrando un espacio familiar. Solo al concluirlo comprendí que, en realidad, estaba elaborando una despedida. Poco después nos mudamos.
El nuevo hogar es un departamento rodeado de jardín, luminoso y acogedor. Tras meses de mover muebles, reorganizar objetos y transformar rincones, el espacio comenzó a adquirir una forma propia. Entonces recordé a Gaston Bachelard y su reflexión en La poética del espacio. Habitamos nuevas arquitecturas, pero llevamos dentro las antiguas. Los espacios de la infancia continúan modelando nuestra manera de mirar, de recorrer una habitación, de abrir una ventana o de buscar la luz.
La casa de mi infancia, la casa retratada en el fotolibro y la casa que hoy habito comparten una misma estructura emocional.
Hace poco pasé frente a la casa que deje . Había sido demolida.
Solemos pensar que las fotografías nos remiten a un referente ausente, a algo que estuvo allí.
Pero con el paso del del tiempo ocurre otra cosa. Las imágenes dejan de ser únicamente una representación y adquieren una existencia propia.