3 months agoMejoramos los filtros de entrada y salida de aire, y probamos varias ollas a presión diferentes para la esterilización: una adaptación constante e implacable. Los primeros cuatro meses fueron brutales, con una tasa de contaminación de casi el 80 %. Tuvimos que tirar bolsas una y otra vez. El aire tropical, la suciedad del exterior y los insectos no dejaban de colarse dentro. Estábamos a punto de hundirnos. Así que rediseñamos el cuarto de cultivo y la incubadora: nuevos desagües en el suelo, fregado diario, un protocolo de sala ultralimpia. El miedo constante a la contaminación. Una curva de aprendizaje diaria. Entonces llegó el gran avance: la fórmula adecuada del sustrato —carbonato cálcico, yeso y la proporción perfecta de virutas de madera y salvado de trigo—. (El sustrato de paja de trigo complementado con posos de café no siempre daba buenos rendimientos). Verlos crecer ahora —formaciones lentas, extrañas, de aspecto orgánico, que pueden tardar varias semanas en mostrar siquiera algún crecimiento— es, sinceramente, asombroso. Cada momento de esa lucha mereció la pena. Por qué es importante el reishi: Durante más de 2.000 años, el reishi ha sido venerado en China como Lingzhi, el «hongo de la inmortalidad», una piedra angular de la medicina y la alquimia taoístas. Antiguamente reservado a la realeza, la leyenda cuenta que se cultivaba en el interior del palacio de la dinastía Han, ya que se creía que otorgaba la eterna juventud. Hoy en día sigue siendo un hongo fundamental en la medicina tradicional china. La ciencia moderna destaca el potencial del reishi para estimular el sistema inmunitario. También puede contribuir al equilibrio del colesterol y a la salud cardiovascular, y en ocasiones se utiliza como tratamiento complementario junto con la terapia convencional contra el cáncer.
