Posted On: October 9th 2026, 11:01 pm
El caso que se hizo público entre La Reini y Hernán Bloquero, con denuncias de acoso y amenazas que él ha negado, me lleva a pensar en algo que me preocupa, los límites de la admiración y lo que sucede cuando una persona siente que tiene derecho sobre la vida de alguien a quien sigue.
Las redes son una vidriera, pero también pueden funcionar como una lupa; agrandan la necesidad de reconocimiento y dejan expuestas nuestras vulnerabilidades y miserias humanas. Los celos, la competencia, la posesividad, la crueldad hacia cualquiera que parezca tener ese lugar de cercanía que deseamos.
Ver todos los días a alguien en una pantalla puede hacernos sentir cerca. Pero esa familiaridad no significa que exista un vínculo recíproco. Un artista o una figura pública puede compartir su vida sin debernos afecto, respuestas ni acceso a su intimidad.
Y preocupa cuando, en nombre del amor, aparecen conductas que invaden, controlan o intimidan. Cuando toda la vida parece girar alrededor de conseguir atención y cualquier límite se recibe como una traición. Son situaciones que merecen una atención seria, también sobre la salud mental, sin pretender diagnosticar a nadie desde afuera ni confundir un problema de salud mental con violencia.
También me preocupa qué hacemos quienes miramos. Cuánto de esa exposición alimentamos con comentarios, risas y reproducciones.
En qué momento dejamos de ver una situación preocupante y empezamos a consumirla como un espectáculo?
Hay acciones que parecen pedir a gritos una intervención, límites y ayuda. Convertirlas en contenido puede hacer que perdamos de vista tanto el sufrimiento como el peligro para quienes las reciben.
Admirar a alguien no nos da derecho a poseerlo. Y hablar de salud mental exige algo más que señalar a una persona cuando todo se desborda sino que exige dejar de festejar conductas dañinas, tomar en serio a quienes expresan miedo y entender que acompañar también implica poner límites.