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Galicia - Madrid
Yo no escribo, yo me leo
VFX Producer en @wonderyrilet y @scan2vfx
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en pleno rodaje, entre toma y toma, bajo las estrellas, junto al fuego, pienso en septiembre. se me olvida, otra vez, que lo terminé completamente agotada, que me daba miedo octubre, que no sabía de dónde sacar energía para todo lo que se viene. quizás sea la frase que más me han repetido en mi vida: ¿cómo te da la energía para tanto? yo no sé responder, porque me pregunto lo mismo. y sin embargo, son las dos de la mañana, producción me pregunta si me quiero ir antes a casa y digo que no. no tengo que buscar energía. es que creo que no es la palabra correcta. a mí lo que me mueven son las ganas. y tengo ganas de tantas cosas. tengo ganas de estar en un rodaje nocturno de uno de los guiones que más me han apasionado en mi vida. tengo ganas de cruzarme españa completamente deshecha para escuchar poesia o en realidad, para ver a la gente que quiero, conseguir una capibara, una picadura mutante, un nuevo olor para mi casa y curarme un poquito el corazón. tengo ganas de bajarme a tomar un vermouth aunque sea menos de una hora. de ir a la mani, de luchar por lo nuestro. siempre tengo ganas de otro vino, otro piti, si la conversación es interesante. tengo ganas de trabajar aún más horas, porque recuerdo a la niña que hacía apuntes para toda la clase, que le gustaba quedarse en los recreos explicando mierdas, la que juraba que algún día se dedicaría a la docencia. la misma niña que llegaba a casa y leía y leía libros pensando si algún día alguno sería suyo. la misma niña que veía una peli tras otra, preguntándose cómo coño se hacía esa magia. la misma niña a la que nunca le ha gustado madrugar pero a la que mamá siempre le decía: cómo puedes hablar tanto a las 7 de la mañana y respondía que tenía ganas de ir al cole. la misma que mañana estará muerta cuando suene el despertador y odiará este texto un minuto, pero tendrá ganas -quizás no energía- de levantarse, de tomar un café en la terraza, de abrazar a inés al llegar a la oficina, de oír buenos días, de ver nuevos planos, nuevos proyectos, planificar los siguientes, preparar las clases y cogerse dos alsas nocturnos para ver a la gente que quiero. las mismas ganas de siempre intactas. yo tampoco sé cómo. by @anitants22
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11 days ago
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un día, cuando aún estaba agosto por escribirse, dije: cerca del mar todo duele menos. no sabía que no era cierto. ahora que agosto está impreso en las entrañas con tinta indeleble digo: cerca del mar todo duele mejor. y eso no es poco. by @anitants22
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2 months ago
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un martes a las 4 de la mañana de finales de julio inés y yo descubrimos el sentido de la vida. esa sensación cercana al verbo que te lleva a pensar: ah, era esto. una y otra vez, cuántas más mejor. si la felicidad fuera algo cuantitativo en nuestro lecho de muerte medirían la cantidad de veces que pensamos: ah era esto. esa pulsion, ese rayo, ese hormigueo, ese temblor en el vientre. en julio pensé ah, era esto, muchas veces y en muchas circunstancias distintas. de algunas no tengo foto, estaba demasiado ocupada pensando ah, era esto. esto era la vida. esto es lo que estábamos buscando. en un plato de pulpo un museo una copa de vino un chuletón un beso un viaje una terraza un libro un cielo unas lentejas una cabeza mojada una carcajada una calada una mañana de escritura un trozo de arena una orilla un portal un proyecto un abrazo una discusión una llamada. en cualquier lado. by @anitants22
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3 months ago
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hace apenas quince días del último recap y parecen meses. pero meses bonitos, llenos de calma, disfrute, bajada de ritmo, de recuperar el espacio mental tan ausente en el último año. han sido días de escribir mucho, muchísimo, sobre cosas sobre las que hacía mucho tiempo que no escribía y sobre las cosas que escribo siempre. han sido días de reconfigurar el tiempo, el trabajo, los proyectos, la vida en general. y eso a veces da vértigo, da miedo, pero también produce el temblor en el vientre que tanto busco, que tanto encuentro últimamente. han sido días de reconectar conmigo misma y con gente a la que quiero. de probar cosas nuevas, muy nuevas. de sentir cosas -viejas y nuevas, siempre una mezcla-, volver a la infancia, recuperar recuerdos gastados y amarillentos; de mirar al futuro y dibujarlo -con mis herramientas que nunca son un lápiz- de escuchar más música que en todo el 2026 junto -y eso siempre síntoma de que estoy muy bien-, de quemar el daruma -aunque no quiso arder-, de clubs de lectura y escritura, de escuchar cientos de pájaros, de tener siempre una botella de vino distinta en la nevera esperando el brindis que precede a las conversaciones de las que no querría irme jamás; de mirar la luna detenidamente, de usar mucho la taquilla 41, de tener ganas de trabajar, de escanear, de rodar, de planear, de creer, de pensar mucho, reír más y registrar registrar registrar -porque hay cosas de las que me gustaría no olvidarme: 
ni de los ciervos ni de los pájaros 
ni de las migas ni de las monjas ni del mango-

días de escribir escribir escribir 

“a veces quisiera ser directamente un folio
escribirme todo el cuerpo
escribir las calles, las plazas, las paredes de la casa
escribir en el rollo de papel higiénico mientras orino
escribir en un ticket mientras compro las verduras para el tupper de mañana
escribir en el excel del presupuesto del proyecto más importante de esta semana
escribir en el manual de instrucciones de la airfryer
escribir en la arena antes de que el viento se lo lleve
escribir en el papel del último cigarro antes de irme a dormir
para fumarme el poema
y que, de forma infinita, vuelva dentro de mí
el límite del poema
es el límite de mi cuerpo by @anitants22
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4 months ago
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otra vez tardomayo y prontojunio. otra vez estamos a mediados de otro mes que no sé cuándo ha pasado. en la repisa de mi patio se acumulan botellas de vino vacías, incluso la primera con la que inés y yo brindamos un lunes de septiembre, hace ya tanto tiempo. me digo, cada mañana, que debo bajarlas. pero me da pena, como si estuviera tirando los recuerdos de estas noches etílicas de verano y terraza, de brisa suave en mitad del infierno de asfalto, de estrellas titilantes y desconocidas, de amaneceres y pájaros, de charlas y carcajadas, de lo bello y lo terrible. por eso las uso para rellenarlas con flores, las dejo por las esquinas de la casa como trocitos de diario que me recuerdan todo lo que no me da tiempo a registrar. cuando miro mis álbumes de fotos, los videos de la camarita que últimamente siempre está sin batería -un poco como yo- y releo mi diario, me río. parece que lo hubieran vivido tres personas distintas. como si no fueran coincidentes los recuerdos visuales de los narrativos. tantas cosas en un mes. tantas mañanas de vapper y rodaje en aranjuez, de lecturas de saramago mientras se oye motor, tanto madrid, tantísimo, madrid anacrónico, madrid a medio construir -un poco como yo-, madrid con ojos nuevos, tantas botellas de vino, cocteles, microteatros, paseos nocturnos, museos, películas, óperas con spiderman, cenas hechas a mano, flores, caladas, picnics, páginas, grabaciones, entregas, entradas, tantos casi, tantas cosas en que pensar, tantas cosas por registrar. tantas páginas de leila guerriero subrayadas. porque a veces el registro no parte de la experiencia individual, sino de algo universal que nos une a todos y nos hace humanos. algo así como mirar las estrellas en la terraza y saber que, aunque no lo parezca, esa que brilla tanto es la misma que veo desde Area cuando es agosto y es la noche de san lorenzo. y por eso, oigo el mar. aunque esté en madrid a 32 grados. pero con un bikini mojado por una manguera bajo el aire acondicionado. desde donde registramos también importa. siempre importa. y por eso todavía no tiro las botellas de vino. y por eso puedo registrarme de cientos de formas, todas distintas. by @anitants22
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4 months ago
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a las 6:50 cogemos el tren desde la misma estación que un día, hace ocho años, me vio dejar santiago para irme a madrid. la misma en la que, un año antes, cogía el tren para irme cada mañana a primer trabajo. por entonces, le contaba antes a brais, siempre desayunaba un bocadillo de pan de semillas y queso y luego dormía exactamentee diez minutos antes de bajarme en a coruña, mientras pensaba en lo rápido que habían pasado los años universitarios. no es la misma estación en la que un día, hace 13 años, nos encontramos brais y yo, aunque aún no sabíamos que nos conocíamos, porque por entonces la estación de buses estaba al otro lado de la ciudad, los buses freire aún existían, madrid estaba muy lejos y nosotros no teníamos ni idea de cuántas horas pasaríamos juntos después. es extraño, estar a punto de retomar la rutina como si este fin de semana no hubiésemos hecho un viaje en el tiempo. qué fácil parece, a veces. casi atraparlo, detenerlo. esa sensación, justo esa sensación, la que tienes cuando te ríes a carcajadas hasta que duele el estómago, la de beber vino como si la resaca no existiese, la de bailar bajo la lluvia como si no estuvieses empapado -o mejor, no te importase-, la de hablar sin pensar, fumar hasta quedarse roncos, mirar relámpagos como si fuésemos niños descubriendo el mundo por primera vez, vivir unas horas como si primero de carrera no hubiese terminado nunca. qué extraño, pensar que esta fue un día nuestra vida. una vida en la que no había lunes -no eran tan distintos de los domingos- ni rutina. y sin embargo, qué suerte poder volver. tener ese pedazo de vida atrapado, capturado, encapsulado para poder vivirlo casi cuando queramos. casi, casi, como si tuviésemos clase con outeiriño en un par de horas, como si hubiese lentejas en el menú de la facultad, como si belen fuese a hacer carbonara esta noche en el 7b de santiago de chile, como si luego fuésemos al momo a ver tocar a ricardo, como si no hubiesen pasado trece años y no tengamos que separarnos cientos de kilómetros. by @anitants22
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5 months ago
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ya en el aeropuerto, después de tres días, 48 km, cinco librerías, tres museos, cuatro iglesias, dos exposiciones, un castillo, un fado, muchas calles, algunos vinos, más cafés y mi nuevo libro favorito; mientras como una bifana, escribo. he cumplido 31 años viajando sola, en cierto modo, por primera vez -por primera vez voluntariamente, sin tener que trabajar, recitar o visitar. los 31 me dan, no se porqué , mucho más vértigo que los 30. quizás es esta sensación de sobrecogimiento, de agotamiento, que me persigue últimamente. llegué a lisboa agotada mentalmente. siento que la vida últimamente es un calendario lleno de colores. un calendario divertido, lleno de amigxs, disfrute y trabajo bien hecho, pero un calendario constante. necesitaba dejar de tener medido el tiempo -y de tener miedo al tiempo-. por unos días, no había ningún plan. un calendario vacío que solo decía: lisboa. cada segundo, solo escuchar mi cuerpo. caminar cuando me lo pedía, leer cuando me apetecía -todo el tiempo-, un vino para la sed, un café para el cansancio, una bifana para el hambre, mucho arte para la inspiración, ternura al otro lado de la pantalla. termino el viaje agotada físicamente. repaso las felicitaciones: casi todas dicen inmortalidad, energía, pasión. casi todas vino, también. me pregunto si esta escisión entre mi cuerpo y mi mente se puede arreglar. escribo sobre ello. largamente. y sin embargo, agradezco esta capacidad de cubrirse uno al otro, de tirar cuando el otro no puede más, como si jamás fueran capaces de rendirse juntas. los aeropuertos me ponen triste y contenta a la vez. repaso la llamada, todas las páginas subrayadas. me digo, otra vez, cuántas vidas caben en una vida. me siguen dando vértigo los 31. pero también me lo daban los aviones, antes, hace mucho tiempo. y ya casi no. a mi cuerpo un poco pero mi mente ni lo piensa. y así con casi todo. mañana: otra vida. otra vez los ovulos, la oficina, las entregas, los guiones, los abrazos, un slam. otro año que empieza. otro vértigo que algún día olvidaré. todo lo demás, no lo olvido. qué bien pasármelo tan bien conmigo misma. no sé si a todo el mundo le pasa. by @anitants22
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5 months ago
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me acabo de comer mi primer trozo de tomate en diez años y mientras espero en la sala de espera de alergología, escribo. escribo mucho en hospitales, en los últimos años. en hospitales autobuses y peluquerías. en los sitios donde el mundo se apaga, lugares extraños, lejos de la comodidad del escritorio, del momento perfecto. por eso siempre escritura fragmentada, medio rota, tardía, siempre tardía. ojalá una escritura permanente, inmediata, poder atrapar los momentos en el momento justo que suceden. haber escrito sobre semana santa cerca del mar y no desde una sala de espera, rodeada de asfalto y prisa. y sin embargo, me digo, eso es la escritura ¿no? la distancia inevitable respecto a lo que vives. y sin embargo, me gustaría tanto atrapar la vida misma, el puro presente. por eso escribo tanto sobre la propia escritura, como si fuese la única forma de escribir algo puramente genuino. ¿es realmente tan importante? no sé escribir de otra forma. de nuevo: no quería hablar de esto, pero yo no decido de qué escribo. yo quería hablar abril, pero ya me es imposible. ya todo ha pasado, ya solo quedan fotos que supongo que serán ciertas, pero que a veces me parece que vivió otra persona. yo quería hablar de los clubes de lectura, la terraza, los humos, los fuegos, los muzzle, los árboles, los guiones, los presupuestos, las carcajadas, los sentidos, las monjas del siglo XVII, las hipotecas, de xuli, del poemario, las citas, las editoriales, la resaca, la decepción, del amor, del no amor, de la ansiedad, las amigas, y del mar. pero no, no tocaba. me gusta la escritura porque para mí es la falta de control. yo quería escribir sobre todo eso pero hoy solo puedo pensar en que hace diez años que no comía un tomate, que la última vez fue en baires -no recuerdo el día porque nunca sabemos cuándo es la última vez que hacemos algo, el otro día oí en un podcast cuando fue la última vez que jugaste al pilla pilla? y no supe responder- pero seguramente era una noche cualquiera aunque ninguna lo era en baires, quizás fuimos después al abrazo cumbiero aunque me doliese el estómago, quizás incluso bebí fernet. la última vez que comí tomate yo ya no decidía de lo que escribía. by @anitants22
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6 months ago
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ahora que ya casi termina marzo, que el sol derrite los restos, las vísceras de los dos últimos meses se deshacen. febrero fue una guerra, una explosión, una bala clavada directa en el corazón. ahora, que ya solo quedan los escombros, que es marzo y sale el sol, empieza la reconstrucción. el mes, como siempre, en fotos, es bonito. ahora que he empezado a grabar todo en vídeo lo repaso también: ni rastro de dolor, decepción, agobio, de ese cansancio tan profundo. porque todo eso desaparece. como cuando recuerdo agosto y en vez de recordar el caos, siento nostalgia. a los qué tal de estos meses respondía siempre con un: cansada, muy cansada -aunque mi forma de estar cansada sea tan enérgica y nadie me crea del todo- y decepcionada, también. pero ahora, que hace sol, de eso me acuerdo poco. yo intento registrar las cosas de forma real, escribir en mi diario con rabia, atravesar el folio, romperlo, pero hasta los pedazos quedan bonitos. como un origami raro y divertido. se me abre en el estómago algo parecido al orgullo. de febrero ahora, de repente, solo recuerdo la fuerza interior. la capacidad de aferrarme a mí yo más profundo, a la creencia firme en la bondad, en los axiomas básicos, la capacidad de no decepcionarme con el mundo pese a todo, de seguir apreciando las partes bonita, la belleza, no solo de las cosas si no de las personas. no es una elección ser así. incluso ahora, que me da el sol y termino la última página de un libro, el cansancio me parece una sensación bonita. el cansancio merecido y merecedor. la energía bien invertida. en empezar a dar clases, recitar en sitios extraños, tener un manuscrito del poemario, poner mi firma en papeles simbólicos pero también, precisamente por eso, importantes. pero sobre todo, porque todavía, pese al cansancio permanente, soy capaz siempre de disfrutar profundamente de los que me rodean. de un vino un abrazo un recital una carcajada un debate intenso un club de lectura un paseo al sol una reunión una comida un tardeo una discoteca una casa un atardecer una sesión de cine. disfrutar profundamente de la vida. qué suerte ¿no? estar tan bien rodeada pero sobre todo, ser capaz de pensar todo el rato, qué suerte. by @anitants22
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7 months ago
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empieza la semana, empieza febrero, pero antes, justo antes de que empiece el ruido, antes de abrir el correo, de ver arder el mundo, antes justo antes de las prisas y los dramas, miro atrás. no solo a enero, si no mucho más atrás. qué nostálgicos estamos ¿no? todo el rato mirando a 2016 -quizás es que, en los tiempos de la incertidumbre, de la explosión tecnológica, del invividualismo, necesitamos buscar quiénes somos, quiénes éramos, qué queda de nosotros después de todo-. yo siempre he mirado 2016 como el principio de algo, como el año antes de todo, como el inicio de un capítulo, siempre he pensado que he cambiado muchísimo desde entonces. y sin embargo, cuando he vuelto a mirar las fotos, los trozos de diario, la forma de narrar el mundo, me descubro idéntica, obsesionada con las mismas cosas, imbuida en la misma narrativa, siempre con la camarita -ahora exactamente la misma- en la mano, con el bolígrafo en la otra, esta obsesión por registrar registrar registrar, por contarme a mí misma, por comprender el mundo. he crecido mucho, claro que sí, pero se mantiene la misma esencia: la obsesión por la narrativa, por hacer las cosas bien, por estar bien rodeada y esta naturaleza, esta virtud (he redescubierto esta semana, otra vez, la suerte que tengo), esta tendencia natural al disfrute, a ver el mundo siempre desde la crítica pero desde el apasionamiento. quizás todo esté relacionado. quizás todo esto sea la misma cosa. quizás sea esa misma capacidad de registro la que me permita ver las cosas desde fuera para sentirlas en el vientre, para decirme constantemente, que si, que el mundo está ardiendo, que no llegas a todo, que te falta tiempo, pero nunca nunca nunca las ganas. porque a este guion le quedan muchos giros, pero el personaje es siempre el mismo. cuando me preguntó cuánto queda de mí después de todo, me respondo que queda todo de mí, todo lo importante. parece que hablo de muchas cosas y de ninguna. yo veo el hilo narrativo. porque enero ha sido duro, 2025 ha sido duro y aún así, yo recuerd. bonito, lo estimulante, lo divertido, lo apasionante. por eso yo cada lunes encuentro las ganas, sin ni siquiera tener que buscarlas mucho. by @anitants22
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9 months ago
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madrid es más hogar que nunca, aunque haya días en que me siga doliendo demasiado el mar, el verde, la tierra. y sin embargo, cada vez más casa, cada vez más dividida entre más lugares -tanto que un día podría romperme, pero entretanto me hago más grande- ya lo explique todo hace cuatro años, cuando escribí ese poema del segundo video, pero me sigo sorprendiendo al oírme. aún no nos hemos entendido del todo, esta ciudad y yo, pero ahora, cuando anochece en la terraza de la la latina, siento que, casi, casi, al otro lado puedo ver el mar. casi huele a sal. by @anitants22
3
9 months ago
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los primeros días del año han durado un año 
y cuántos quedan by @anitants22
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9 months ago
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