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Mar 🌊
27 vueltas al ☀️
Villa Mitre, Argentina 🇦🇷
Fotografía - CM - Diseño - Comunicación - Programación.
Escribo y canto ✨
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GUARDA CON EL INCENDIO.

Nunca pude ser una sola cosa.
Soy fotógrafa, diseñadora, programadora, comunicadora, poeta, escritora, dibujante, cantante y artista.
Pero ninguna palabra alcanza por separado.
La fotografía me enseñó a mirar.
El diseño, a darle forma al caos.
La programación, a buscar caminos.
La comunicación, a tender puentes.
La poesía, a decir sin explicar.
La escritura, a guardar memoria.
El dibujo, a dejar hablar a mis sentidos.
La música, a ponerle voz a lo que duele.
Y el arte, a juntarlo todo.
No aprendí a crear para escapar de mi historia.
Aprendí a crear porque mi historia necesitaba otra forma.
Fui hija.
Soy madre.
Fuí miedo, bronca, amor, pérdida y regreso.
Fui la que se quedó y la que salió corriendo.
Fui muchas versiones de mí.
Pero hay algo que nunca cambió: veo más allá de los ojos.
Miro a mi hijo.
Miro mi ciudad.
Miro una pared descascarada, una banda en un escenario, una calle después de la lluvia, una gata sobre un libro.
Y cuando veo, creo.
No quiero elegir entre mis facetas.
Quiero hacerlas conversar.Que una fotografía tenga poesía.
Que un dibujo tenga música.
Que un diseño cuente una historia.
Que un código sea creación.
Que una canción guarde memorias.
Porque no soy solamente una profesión.
Soy el cruce.
El laboratorio.
El error, la prueba y la transformación.
Y si alguna vez preguntan qué hice con todo aquello que intentó romperme, no digan solamente que sobreviví.
Digan que hice obra.
Que fotografié el fuego.
Que escribí sus cenizas.
Que dibujé sus formas.
Que canté sus heridas.
Que diseñé sus ruinas.
Que programé nuevas salidas.
Que comuniqué lo que no quería quedar en silencio.
Hice de la memoria un archivo.
Del barrio, una patria.
De mis animales, una familia.
De la música, una casa.
De mis preguntas, un lenguaje.
Y de todo lo que ardió, una manera de seguir creando.
Pero mientras exista algo adentro mío que quiera convertirse en imagen, palabra, sonido, dibujo, código, diseño o canción, voy a seguir.
Crear para recordar.
Crear para transformar.
Crear para decir:
Nadie me puede definir, ésta soy. 
YO.
No una sola cosa.
Yo.
Hecha en Argentina.
Todavía me queda fuego para crear otra vez, desde las cenizas. taken in Bahia Blanca, prov. Bs As. by @madeinargentinache
8
a month ago
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Con mucha emoción y explotandome el corazón de felicidad, quiero contarles que ya están disponibles las remeras de mi marca AMarC y quería compartirlo con ustedes que siempre están para hacerme el aguante. 
Los quiero mucho, gracias. Nada sería posible sin ustedes del otro lado. 
Envios a todo el país.

El Rock Nos Parió.

El rock no es una estética:
es un idioma ancestral,
una lengua rota que se grita desde el barro,
una cicatriz sonora
que late en las costillas de los que no se rinden.
Nació en baldíos oxidados,
en garajes prestados,
en patios húmedos de periferia
donde los sueños arden más que el sol del mediodía
y el silencio pesa más que la pobreza.
Es historia oral hecha distorsión,
es poesía clandestina,
es cumbia rabiosa disfrazada de remera negra,
es blues con tonada villera,
es tambor que repite lo que la historia negó.
El rock es nuestra misa sin sotanas,
nuestro ritual subversivo,
la fogata que nos une
cuando todo lo demás se derrumba.
Es cultura de trinchera,
resistencia amplificada,
es grito colectivo contra la uniformidad,
es refugio para los raros,
los intensos,
los heridos.
Habita en cada adoquín donde alguien cayó,
en cada cordón donde un pibe escribió sus rimas,
en cada callejón donde se besaron dos almas solitarias
al ritmo de una canción que no sonaba en ninguna radio.
Es tribu, es manada,
es casa en forma de pogo,
es abrazo de desconocidos unidos por un estribillo.
El rock está en la lona de las bandas under,
en el humo espeso del antro donde todo comenzó,
en la letra escrita a mano con tinta y desesperación,
en el micrófono que devuelve
lo que nadie quiere escuchar.
Es el eco de nuestros muertos,
los que se fueron con una guitarra en el pecho,
los que se apagaron antes de tiempo
pero siguen vivos en cada acorde que explota.
Y aún cuando el sistema nos tape de pantallas vacías,
el rock seguirá resurgiendo
como maleza entre el cemento,
como murmullo entre los escombros,
como bandera tatuada en el alma.
Porque el rock no se hereda:
se elige.
Se respira.
Se transita como quien va hacia el abismo
pero con el pecho abierto y las venas encendidas.
Y mientras exista un alma que cante su verdad.
El rock seguirá pariendo universos. 
❤️‍🩹🤘🏻✨ taken in Bahia Blanca, prov. Bs As. by @madeinargentinache
22
2 months ago
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Siempre el barrio.

A veces la vida me aprieta el pecho
y ni yo sé por qué sigo de pie.
Pero hay algo que tira de mí cuando el frío encuentra un mate
y los pasillos conocen mi nombre.
No vengo limpia.
Vengo con barro en las zapatillas,
con errores en los bolsillos
y con la sonrisa remendada
como una pared después de la tormenta.
Me banco las caídas.
Me banco las noches en las que parece
que nadie viene a salvar a nadie.
Porque aprendí que la reconstrucción no empieza cuando todo está bien;
empieza cuando uno junta los pedazos
y vuelve a levantar la persiana del barrio.
Hay canciones que no se escuchan:
se viven.
Hay colores que no se usan:
se defienden.
La remera verde, blanca y negra
es un abrazo que aprendí de piba,
una forma de decir "acá estoy"
Resistiendo.
En un click por siempre ganándole al olvido.
La muerte me va a venir a buscar, un día. 
Que venga de frente...
Si alguna vez me pierdo, sé volver.
Porque las calles guardan memoria,
los pasillos conocen mis pasos
y las paredes todavía recuerdan
los nombres de los que nunca dejaron de creer.
No quiero una vida perfecta.
Quiero seguir construyendo.
Poner un ladrillo más.
Tender una mano más.
Cantar una canción más.
Porque uno no pertenece a un barrio
por la dirección que figura en el documento.
Pertenezco cuándo entiendo: Mi barrio me construyó a mi. 
Y mientras haya una escalera por subir, un paredón en blanco, baldosas flojas, callejones
y alguien dispuesto a no bajar los brazos,
siempre va a existir un lugar al que volver.
Siempre el barrio, envenenarme con tu rocanrol y el vino.
Un partido. 
Pura suerte. 
Magia divina del sentirse un poco menos solo en ésta puta ciudad. 
Y si mi corazón hoy sangra su historia mientras se reconstruye.
Todo se va transformando. 
Una parte mía se sana con amor. 
La otra con terapia.
Ya saben no me dejen la tijera a mano y que el vaso no quede vacío porque dónde me veo en el prisma del espejo al fondo.
Hace frío y necesito tu abrazo.
Cómo los colores, la esquina, el satén, la murguita, el descontrol, ojos color cielo y tierra con manitos chiquitas, tan grandes.
Y me levantan a mi.
Mis amigos.
La familia que construí.
Andando junto a los míos, siempre. taken in Bahia Blanca, prov. Bs As. by @madeinargentinache
7
3 months ago
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Suena Don Osvaldo lo llevo tatuado atrás del corazón, me cuida la espalda del que quiera gobernarme la razón ❤️‍🩹

Más de mis diseños como la del gatito Callejero de Solo X Hoy en @amarcyserarte.bb ✨
Envios a todo el país. 
Se vienen cositas. 
Si querés fotos que dejen huella @elojodelunderground y tiro chivo que se viene mi primer festival cultural local.

Gracias Patricio por salvarme la vida con tu música, siempre resistir. 🤘🏻

DETENIDA FRENTE A LA RADIO

Yo era una piba detenida frente a la radio,
impresionada, encantada, cuando escuché por primera vez esa voz.
Los acordes y melodías que se volvieron el pan de cada día. 
No fué una banda.
Callejeros fué mi primer amor. 
Fué identidad.
Fueron quienes que me dijeron que aunque todo duela, se sigue.
Que aunque te rompan el corazón, se canta.
Que aunque abusen de tu buen corazón, no es debilidad.
Es valentía.
Callejeros no fue música de fondo.
Fué compañía cuando no había compañía.
Fué fuerza en los días más oscuros.
Fué casi justicia social cuando el mundo era injusto.
Por eso digo, y lo digo de verdad:
la música no mata.
La música salva.
Está la piba detenida frente a la radio soñando un mundo mejor.
Y está la niña que ya nada la detiene, pogueando de alegría allí en mi interior. taken in Bahia Blanca, prov. Bs As. by @madeinargentinache
8
9 days ago
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Cincuenta años después,
todavía hay noches que no terminan de pasar.
Hay nombres que el tiempo no consigue borrar,
fotografías que siguen preguntando por los que faltan,
y voces jóvenes que quedaron suspendidas
en una historia que nunca debió suceder.

Hace cincuenta años,
unos lápices quisieron escribir futuro
y una noche intentó arrancarles las palabras.
Eran jóvenes,
eran estudiantes,
eran sueños caminando por las calles,
eran voces que creían que el mundo podía ser distinto.

Pero los lápices sobrevivieron.
Sobrevivieron a las paredes,
a las sombras,
al miedo,
al silencio.
Y siguieron escribiendo.

Escribieron en las aulas vacías,
en las pancartas,
en las canciones,
en las fotografías,
en las madres que siguieron buscando,
en las familias que nunca dejaron de nombrar,
en cada generación que aprendió
que olvidar también puede ser una forma de perderlos otra vez.

Cincuenta años después,
los lápices siguen escribiendo
porque la memoria no es una estatua:
es una mano que vuelve a tomar el lápiz
cada vez que alguien pregunta quiénes fueron,
qué soñaban,
por qué los persiguieron,
por qué sus nombres todavía duelen.

Y quizás por eso
cada fotografía guarda algo más que una imagen.
Guarda una voz.
Una mirada.
Una historia.
Una señal diminuta
de alguien que alguna vez estuvo aquí.

Porque nadie debería convertirse en un número.
Nadie debería desaparecer de la historia.
Nadie debería ser obligado a callar
por pensar,
por soñar,
por reclamar,
por querer transformar su tiempo.

Por eso hoy,
a cincuenta años,
los lápices siguen escribiendo.

Y escriben también por nosotros,
por los que todavía caminamos,
por los que todavía amamos,
por los que todavía tenemos una voz,
para recordar que la vida no puede ser borrada
como si nunca hubiera existido.

Que la memoria sea la tinta.
Que la verdad sea la página.
Que cada nombre encuentre una voz.
Que cada ausencia encuentre un lugar.

Y que nunca más
una noche vuelva a llevarse los sueños.

Si mañana no amanezco,
y mi sombra no camina,
¿quién buscará en mis historias la pista final de mi vida?.
¿Quién leerá entre las líneas el grito que no fue escrito?
¿Quién sabrá que en cada foto algo intentaba decir?
Fui rumor en mil esquin by @madeinargentinache
2
11 days ago
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EL VIAJE A LO MAS PROFUNDO DEL MAR.

Cortar la semana para sobrevivir.
No hay viaje más complicado que mirar hacia adentro para comprender.
Aceptar la contradicción. Apropiarse de la propia historia. Aunque nunca dejemos de escaparnos.
A veces el alcohol, una persona, la noche, la música, el humor, el sueño.
A veces hacemos cosas sin comprender del todo nuestra propia conducta.
Bebemos, nos enamoramos, nos destruimos, reímos. Sin un manual ni una teoría de nosotros mismos.
Por eso, a veces, nos volvemos autodestructivos para no pensar en eso. Anestesiando. Silenciando aquello que no sabemos cómo resolver.
Regular una emoción no es lo mismo que procesarla.
Es bajar el volumen interior.
Pero aquello que no se procesa, vuelve.
Aunque nos envolvamos en sustancias, sexo, fuga y fantasía.
Supresión.
El cuerpo frecuentemente sabe algo antes que la cabeza.
Atrae y amenaza simultáneamente.
Lo que más deseamos también puede convertirse en nuestra vulnerabilidad.
Quizás no haya certeza. Quizás así no haya conclusión. Quizás no exista una moraleja. Quizás haya cosas que nunca entendamos.
E ignoremos.
La omnipotencia empieza a romperse.
Cuando una persona cree que necesita comprenderlo todo, el sufrimiento se vuelve insoportable.
Quizás así pueda ser de otra manera.
El borracho no solamente está borracho.
Está fuera de sí.
Quizás así hablamos, sentimos, tocamos, olvidamos, exageramos, nos animamos.
No nos hacemos responsables por un rato.
Es una máscara líquida.
Y hay una paradoja:
se necesita perder el control para sentirse libre.

La fuga, el deseo y la noche.

Lo querés.
Lo perseguís.

Y cuando está cerca, desaparece.

Entonces más lo perseguimos.

La anguilita es imposible de agarrar.

Como un sueño.

El objeto de deseo se vuelve inasible.

Vivimos para volverlo visible.

La realidad contiene una puerta escondida y esa puerta promete otro mundo.

La llave es imaginación.

Cuando la realidad se vuelve insoportable, la mente fabrica una salida.

Y hay algo hermoso en imaginar otra realidad porque imaginar también es comenzar a construirla.

La fantasía es potencia creadora.

Para artistas heridos pero hambrientos.

La canción mezcla vergüenza, caminos, barro, deseos.
Contr taken in Bahia Blanca, prov. Bs As. by @madeinargentinache
15
19 days ago
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A doce órbitas de su transmutación cósmica. Doce vueltas al sol en el silencio hermético del cosmos, doce inviernos de acordes suspendidos en el limbo de las frecuencias, y tu mueca indeleble de rulos detenidos en el viento del tiempo sigue cruzando, magnética, el puente levadizo del espacio infinito. No hay distancia analógica, Gustavo, en tu palacio suntuoso construido con guitarras de laca brillante y partituras de neblina; la pampa horizontal y geométrica se vuelve súbitamente andina cuando tu voz transversal despierta los radares dormidos de la tierra, y flotan sobre el fango espeso y sagrado de estos mares rioplatenses las naves espaciales de cromo que inventaste en una esquina de Belgrano. Cincelaste la prosa herida de este suelo con el filo plateado de un rayo dylaniano, distorsionado y absurdamente perfecto, bien porteño en su melancolía, sutil en su elegancia felina, tan soberano, mezclando el contrabando del deseo con el eco valvular del Docke y el murmullo de fantasmas cultos que habitan el patio del Liceo. Desafiando con swing el rigor implacable de la marea del olvido, tu poesía de luz parpadea intermitente en las consolas de la noche, dibujando el mapa espectral de un Río de la Plata que te reclama, donde la madrugada es una cuerda invicta de tu Gibson de doble mango y tu ausencia física, una hermosa y desgarradora panacea universal. ¡Gracias totales al viajero cósmico de la corriente alterna! Al médium noctámbulo que domó con maestría la sobreasaturación, que domesticó el acople y dejó el corazón latiendo en la madera noble para volverse definitivamente viento indómito, fractal y cordillera. Tu partida no fue un silencio en la cinta, sino una modulación, un salto cuántico hacia el jardín de luz donde las leyes de la física se rinden ante la belleza absoluta de tus sintetizadores eternos. El tiempo no es una línea, es un efecto de retardo perpetuo, un delay analógico que rebota infinito en las calles arboladas de Belgrano; estás aquí, disuelto en el aire, tocándonos la mano con tus acordes, disparando tu última frase dorada directamente hacia el pecho del olvido. No te fuiste, Gustavo, no hubo un punto final en tu bitácora: te has fundido, eterno. taken in Bahia Blanca, prov. Bs As. by @madeinargentinache
70
23 days ago
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VOLVER 

Hay canciones que uno escucha y hay canciones que uno se lleva puesto. 
Canciones que no suenan en los parlantes, sino en los años. 
Que se meten debajo de la piel cuando todavía no sabemos quién carajo vamos a ser y se quedan ahí, esperando. 
Yo tenía una edad en la que todo parecía definitivo. 
El primer amor. 
La primera herida. 
La primera noche interminable. 
Los amigos que jurábamos que iban a estar para siempre. 
Y estaba la música. 
Llegaba justo ahí donde todavía no sabíamos ponerle nombre a lo que nos pasaba. 
Nos enseñaba que también se podía hacer poesía con el barro, con la tristeza, con las veredas rotas, con las ganas de escapar y con ese extraño oficio de sobrevivir a nosotros mismos. 
Después vino el tiempo. 
Ese animal que no pregunta. 
Se llevó gente, lugares y versiones nuestras que jamás volvieron a aparecer. 
Se llevó algunas certezas. 
Nos cambió la voz. 
Nos hizo desconfiar de los finales felices. 
Nos enseñó que también se puede extrañar aquello que fuimos sin querer volver exactamente a serlo.
Y una sigue. 
Porque eso hacemos. 
Seguimos. 
A veces por voluntad. 
A veces por inercia. 
A veces porque una canción aparece justo cuando ya no sabemos qué otra cosa hacer con nosotros mismos.

Hasta que una noche vuelve a sonar y durante un instante, la vida se parte en dos. 
De un lado, la mujer que soy. 
Del otro, la piba que fui. 
Y entre las dos, una canción. 
Una sola (o demasiadas).
Como un puente tendido sobre todos los años que tuvimos que atravesar para llegar hasta ahí. 
Entonces entiendo que no volvió solamente una canción. 
Volvió una parte de mí. 
La que escuchaba música cuando todavía no sabía que algún día iba a necesitarla para recordar quién era. 
La que todavía creía que algunas noches podían durar para siempre. 
La que todavía no sabía que la vida iba a romperle cosas. 
Que iba a conocer la pérdida, la rabia, la soledad y el miedo. 
Que iba a tener que juntar pedazos sin saber siquiera si seguían siendo míos. 
Y sin embargo, estaba ahí. 
De pie. 
Escuchando. 
Volviendo. 
Porque quizás crecer no consiste en dejar atrás a quien fuimos. 
Quizás crecer consiste en volver a buscarla cuando finalmente tenemos la fuerza su by @madeinargentinache
6
23 days ago
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FUERZA NATURAL

Diecisiete años
y todavía hay algo que se mueve.

No es el viento,
aunque se parece.
No es la música,
aunque nos atraviesa.

Es esa fuerza invisible
que empuja las hojas,
los cuerpos,
los recuerdos,
hacia un lugar
que todavía no conocemos.

Cerati sabía de eso.

De caminar sin mapa,
de dejar que el camino
también nos inventara.

Sabía que caer
no siempre era perder,
que a veces el abismo
es apenas otra forma
de aprender a volar.

Y entonces aparece la guitarra,
como una rama encendida
en mitad de la noche.

Y todo vuelve a respirar.

El mundo se abre
como una herida luminosa,
el tiempo deja de ser tiempo
y nosotros,
por un instante,
somos solamente eso:

polvo,
electricidad,
piel,
memoria,
naturaleza.

Diecisiete años después
la fuerza sigue ahí.

No envejeció.

Crece.

Como crece el río
cuando encuentra una tormenta.

Como crece una canción
cuando alguien la escucha
por primera vez.

Como crece el silencio
después del último acorde.

Y quizá eso fue
la verdadera fuerza natural:

no detenerse.

Seguir.

Aunque el cuerpo cambie,
aunque el mundo se rompa,
aunque la noche parezca interminable.

Seguir siendo movimiento.

Seguir buscando la luz.

Seguir dejando que el universo
nos lleve de la mano
hacia donde todavía
no sabemos llegar.

Porque algunas canciones
no terminan.

Se vuelven raíces.

Y nosotros,
sin darnos cuenta,
seguimos creciendo
desde ellas. taken in Bahia Blanca, prov. Bs As. by @madeinargentinache
46
a month ago
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BITÁCORA DE NAUFRAGOS.
Yo, argentina de biblioteca y de puerto,
aprendí que la patria no es un mapa.
Es una mesa larga.
Un 24 de marzo nos patearon esa mesa.
Entraron con botas donde había libros.
Dijeron “orden” y atropellaron a todos los distintos.
Después vino la noche:
los Falcon sin patente,
las persianas bajas,
los pibes que se llevaron con olor a sueños, a hogar,
a futuro de barrio.
No los llevaron presos.
Los desaparecieron.
Y desaparecer a alguien es dejar la silla puesta
esperando un cuerpo que no vuelve.
Es una madre mirando todas las caras por si alguna le devuelve a su hijo.
Es un nombre, más que un número.
Almas.
Acá nomás estaba La Escuelita.
Bahía Blanca.
Un galpón donde el Estado se volvió oscuridad.
Ahí hubo vendas, golpes, preguntas sin respuesta
y vidas arrancadas.
Y después el mar.
Nuestro mar.
El que alimenta al puerto,
el que conoce el pescador,
el que parece tragarse todo.
También quisieron hacerlo tumba.
Los dormían a piñas y los tiraban al agua.
Creyeron que el Atlántico iba a callar.
No entendieron:
el agua tiene memoria.
Devuelve huesos.
Devuelve nombres.
Devuelve la verdad.
Y entonces ellas.
Las madres.
Las que preguntaron en todas las puertas.
Se pusieron los pañales de sus bebés y empezaron a caminar.
Una vuelta.
Otra.
Otra más.
Ese pañuelo fue vela, bandera y faro.
8.960 denuncias documentadas.
En la memoria de un pueblo.
30.000 no es una cifra para discutir.
Son ausencias.
Sillas vacías.
Nombres que seguimos pronunciando.
Buscando.
Y ahora vienen a decirnos que fue orden.
Que hacía falta mano dura.
Claro.
Dormía el que no preguntaba.
El que bajaba la persiana.
El que miraba para otro lado.
Pero no hay orden en una casa llena de sillas vacías.
No hay patria con gente arrojada al agua.
No hay futuro si mentimos sobre el pasado.
Por eso desde Bahía Blanca, desde esta ría que todavía guarda preguntas, levantamos la memoria.
No para vivir en el pasado.
Para que no vuelva.
Que nunca más desaparezca un pibx.
Que nunca más el mar sea mordaza.
Que nunca más la noche sea gobierno.
Que la memoria sea reflexión aunque duela.
Que sea verdad y la justicia, aunque tarde, flote.
Presentes.
Ahora y siempre.
Nunca Más. taken in Bahia Blanca, prov. Bs As. by @madeinargentinache
6
a month ago
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ECLIPSANDO LA VEREDA

Anoche la luna sangró y me devolvió heridas que creía perdidas.
Se quedó mirando.
Como mira el viejo desde la puerta, cuándo ya conoce el final pero no te lo cuenta para no dañarte.
Hay verdades que tienen que doler para aprender a llevarte.
Yo estaba en la vereda, en el patio, dando vueltas.
Con el cielo haciendo trampa arriba de mi cabeza.
Piscis barajaba el mazo con las manos mojadas.
Virgo contaba las monedas que quedaban sobre la mesa.
Y Saturno, patrón de las cosas que pesan, golpeaba tres veces la baldosa como quien avisa:
hasta acá.
Yo no entendí.
Tenía demasiada noche adentro.
Demasiados nombres durmiendo en habitaciones
que ya no existen en mi interior.
Demasiadas puertas que seguía abriendo
aunque del otro lado siempre estuviera el mismo invierno.
Porque una aprende ciertas mañas cuando crece entre tormentas.
Aprende a reconocer el trueno antes de que se escuche.
Aprende a caminar sin hacer sombra.
A medir las palabras.
A dormir con un ojo abierto.
A llamar amor a todo lo que duela.
Y después una se pregunta por qué carajo le cuesta tanto descansar.
Yo también fuí esa.
La que ponía el cuerpo, alma y corazón. 
La que juntaba los platos rotos aunque no hubiera sido ella quien rompió la mesa.
La que hacía de casa para gente que sólo sabía entrar.
La que confundía ser útil con ser querida.
La que se quedaba un minuto más frente a puertas
que ya habían decidido cerrarse.
Y la vida, que a veces tiene la delicadeza de un ladrillo en la frente, me fue sacando las vendas una por una.
Primero el miedo.
Después la culpa.
Después esa costumbre de pedir perdón por ocupar mi espacio.
Hasta que una noche me encontré frente al espejo
y no reconocí a la que estaba ahí.
No porque hubiera cambiado.
Porque, por primera vez, la estaba viendo.
La luna entró en sombra.
Y algo en mí también.
Pero esta vez no bajé a buscarme.
Dejé que la oscuridad hiciera su trabajo.
Porque hay sombras que no vienen a matarte.
Vienen a devolverte lo que entregaste para que te quisieran.
Me mostró que no todo lo que me perseguía venía de afuera y el universo ya lo llevaba dentro mío, luz y oscuridad.
Todo se transforma. taken in Bahia Blanca, prov. Bs As. by @madeinargentinache
2
a month ago
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Mi forma de mirar

Hay gente que saca fotos para mostrar lugares.
Yo saco fotos para entender por qué algunas cosas me duelen tanto.
La cámara nunca fue un accesorio. Fue una forma de defenderme del mundo.
Porque cuando miro a través del lente, el ruido baja un poco. Todo deja de venirse encima al mismo tiempo.
Capaz por eso siempre termino frenando en detalles boludos: una pared despintada, un viejo tomando vino solo en la vereda, una pareja peleando afuera de un kiosco, las luces naranjas después de la lluvia, un pibe riéndose con las zapatillas rotas.
Ahí está la verdad.
No en las vidas perfectas que suben a Instagram.
Hay algo en capturar un instante que me salva.
Como decir:
“Esto existió.”
“Yo estuve acá.”
“Aunque todo cambie, esto pasó de verdad.”
La fotografía me enseñó cosas que ninguna persona pudo enseñarme.
A mirar despacio.
A soportar el silencio.
A entender que incluso lo roto puede ser hermoso cuando la luz pega de cierta manera.
Y también me mostró algo más jodido:
que muchas veces saco fotos porque tengo miedo de olvidar.
Porque crecí viendo cómo las cosas se rompen.
Los vínculos.
Las casas.
La cabeza de la gente.
Las promesas.
Entonces documento.
Como quien junta pruebas antes de que el incendio arrase con todo.
A veces siento que mi vida entera es eso:
intentar encontrar belleza antes de que desaparezca.
Por eso hago arte.
No para parecer interesante.
Ni para que me miren.
Lo hago porque hay cosas que me atraviesan tan fuerte que, si no las transformo en imagen, canción o palabra...
me terminan rompiendo por dentro.
Y aunque muchas veces me sentí sola, entendí algo mirando el mundo desde el lente:
nadie está completamente roto.
Solo estamos buscando una luz que nos revele distinto.
No fotografío para detener el tiempo.
Eso es imposible.
¿O no?
Simplemente sé que el tiempo se lleva todo
y necesito haber sido testigo.
De mi propia historia.
De mi mundo.
De mi locura.
Nadie es eterno.
Nada es infinito.
Pero todo se transforma.
Cada foto, un gesto de amor.
Una parte de mi obra.
Cada prosa.
El libro por venir.
La banda formándose.
El barrio abriéndome los brazos.
Todo.
Un universo más grande que un click.
Y quiero que quede guardado en la memoria. by @madeinargentinache
4
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