Posted On: February 1st 2025, 10:30 am
Cuando la señora Flannery entendió que había nacido para limpiar, ideó una técnica para pasar el resto de su vida limpiando: una cucharadita de absenta le daba la fuerza interior precisa para poner la casa patas arriba mientras nada se movía de su sitio. Un superpoder para mantener la armonía familiar que era solo suyo, su secreto. Mientras limpiaba, cantaba, siempre cantaba: limpiando espero, la muerte que más quiero. Un domingo de 1963, la señora Flannery se vistió por última vez su traje de rosas preferido. Duplicó su dosis de absenta, usó conmovida por última vez su aspiradora y en silencio se quedó con dos finalistas: Madame Bovary o Sylvia Plath. Optó por una muerte casera. El señor O’Connor no la encontró hasta que necesitó su vermut del mediodía.
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