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Llegó la Semana Santa y la viajera residente sabiendo que de Santa lo que Santa Teresa, agarró su auto rectangular de enorme radio plateada en sonido mono para llegar aparatosamente al Inn & Suites visible en una de las carreteras secundarias de la vieja ruta 66, que estaba vacío por vacaciones. Visto que todo el personal, excepto uno, se fue a ver el verde del campo y el azul del mar, y previsto que ella ya estaba cansada de la redundancia de los planes perfectos, decidió entregarse de lleno al oxímoron y eligió asfalto y agua.
Su plan era previsible: del motel a la piscina y de la piscina al motel. Máximo ahorro de energía y al traste los tantos de miles de pasos diarios que todo el mundo dice hacer.
También se aseguró de que en la habitación tuviera al menos un fijo, Henry Miller o Jack Kerouac. Cualquiera o ambos. Para cambios de humor por tramos, más que suficiente. De todo el resto, se ocupaba el único miembro del personal que allí se quedó. En el Inn & Suites la contemplación estaba servida en bandeja de plástico. 
Es evidente que este año la viajera residente quisiera repetir.

#laviajeraresidente

@culturainquieta 
@iberdrola 
#relatoexprés2025 by @rollingwordsld
34
a year ago
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Cuando la señora Flannery entendió que había nacido para limpiar, ideó una técnica para pasar el resto de su vida limpiando: una cucharadita de absenta le daba la fuerza interior precisa para poner la casa patas arriba mientras nada se movía de su sitio. Un superpoder para mantener la armonía familiar que era solo suyo, su secreto. Mientras limpiaba, cantaba, siempre cantaba: limpiando espero, la muerte que más quiero. Un domingo de 1963, la señora Flannery se vistió por última vez su traje de rosas preferido. Duplicó su dosis de absenta, usó conmovida por última vez su aspiradora y en silencio se quedó con dos finalistas: Madame Bovary o Sylvia Plath. Optó por una muerte casera. El señor O’Connor no la encontró hasta que necesitó su vermut del mediodía. by @rollingwordsld
43
2 years ago
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La señora Daisy se ha hecho mayor pero las flores las sigue comprando ella. A su edad, cuando ya parece que todo está hecho, el silencio es su nueva ocupación así que una de sus aficiones favoritas es sentarse a no esperar nada. Cada sábado a las cinco de la tarde con puntualidad de Big Ben recibe la llamada de su vecina Dorothy para tomar el té, y la señora Daisy cada sábado a las cinco de la tarde con paciencia cabalística le dice que lo siente mucho pero que tiene una cita con sus tulipanes frescos y el señor Hopper, que se esfuerza en leer sin lentes su libro sobre antiguos globos aerostáticos engalanado en su traje y botines para la ocasión, que todo libro merece un respeto. El aburrimiento de su vecina Dorothy hace que nunca desista en su llamada porque piensa que la señora Daisy se ha vuelto rara. Por eso, cada sábado lo intenta, para cotillear como una forma de supervivencia. Mientras, la señora Daisy vive el mundo en colores con elegante sencillez. by @rollingwordsld
23
a year ago
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Toma 6. Hôtel Bovary
Virginia
 
Allí estaba ella, pensó aliviada la viajera residente.
Ayer Virginia le dijo que sí, que iría al Hôtel Bovary, que las voces de su cabeza la desordenaban más de la cuenta, que no le dijera nada a Leonard, que no quería caminar ni siquiera escuchar el Cuarteto 16 de Beethoven y que menos mal que Clarissa le compraría las flores.
 
Volvía a tener la sensación de que vivir era como estar cargada de piedras al borde de un río. Que cualquier acto cotidiano, por pequeño que fuera, estaba cargado de corrientes invisibles y poderosas. Ya no hacía pan ni cocinaba setas ni recogía fresas ni espárragos del jardín.
 
Antes eso era suficiente.
 
Incluso leer era peligroso. A veces un encierro. Estaba tan cansada de las frases. ¿Acaso la vida no estaba en cruzar una calle abarrotada para comprar cigarrillos, en contemplar a Vita pintando, en beber agua cuando la sed la secaba?
Y también estaba en el pan. Pura vida. Amasarlo despacio deshacía los nudos de sus pensamientos, que a veces se enredaban demasiado.
 
Pero ahora ya ni eso. Las voces la apretaban.
Se la comían viva.
 
Se acabó.
 
Iría al Hotel Bovary y se sentaría.
 
La viajera residente se dispuso a registrar el teletipo. Esta vez con extraña ternura del todo inusual en ella: Sentada en una silla de madera azul, ella estaba rodeada de flores, muchas flores. Flores hasta prendidas en su sombrero, flores alguna como a punto de deslizarse. Por todos sus alrededores olía a rosa fresca. 
Y en medio de todo eso, registro detalle de dos limones. Muy amarillos.
Virginia es esquiva.
Inalcanzable. by @rollingwordsld
1
5 days ago
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Toma 5. Hôtel Bovary
Violette
 
El otro día Violette se tragó una flor marchita y se quedó muda. Sucedió un domingo, cuando intentó decirle a su amor de toda la vida, su eterno marido Jean-Luca, que era un hecho que lo quería más que a todas las cosas de este mundo, pero lamentablemente ya no sentía lo mismo. 

Estas últimas palabras ya-no-sentía-lo-mismo se le atragantaron como si se hubiera tragado muchos pétalos de rosa amarga y le impidieran el habla; y no fue capaz de decirlas.  Se quedaron ahí, a medio camino.

Jean-Luca la besó con pico de pájaro y le dijo orgulloso: Y lo que nos queda. Jean-Luca era propenso a finalizar las frases de los demás, a su manera.
Violette carraspeó y Jean-Luca le dio unas palmaditas en la espalda. 
 
La viajera residente, ya puesta en situación, recomendó a Violette  alojarse en el Hôtel Bovary: No tendrás que hablar con nadie, querida. Tan solo oler flores y leer los libros que descubras en su escondite. Nada más.

Pero Violette no cree que leer le disuelva la flor marchita que le atraviesa la garganta. Está claro que los libros la incomodan, demasiadas palabras la aturden y, después de todo ¿podría algún libro hablar por ella?  Aún así, decidió ir: Llegó con un ramo de rosas rojas, se sentó y esperó.
 
Pasados varios días, Jean-Luca observó que su mujer se había vuelto extraña: Había empezado a fumar cigarrillos y soltaba hilitos de humo como carruseles de palabras que iba canturreando por toda la casa: <<Quiero morirme…, y quiero vivir en París..>> 
<<Quiero morirme…, y quiero vivir en París..>>

Toda la casa olía a rosas frescas. Y también a jazmines, claveles, narcisos y nardos.
 
La viajera residente registró el teletipo: Violette en el fondo de su alma espera un acontecimiento.
Ay, Flaubert. by @rollingwordsld
11
9 days ago
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Toma 4. Hôtel Bovary
Louise

Louise lleva varios días en el Hôtel Bovary leyendo con la devoción con la que contempla las puestas de sol. Es su manera de alejarse del  invierno que lleva dentro. Siempre perenne.

Al amparo refrescante de las anémonas rojas y violetas, de la vitalidad del mantel a rayas, de la electricidad del libro azul, que para completar la toma la viajera residente le ha dejado con sigilo felino, Louise sueña con toda esa vida que la rodea. Una vida tecnicolor.

Cuando por fin se decide a abrir el libro azul, sus manos van solas como al azar guiadas por la flor seca prensada entre sus páginas, cortesía de la viajera residente. Fija los ojos de lectora caza cometas en busca algún destello fugaz entre las letras y lee : <<Habito en la posibilidad»>.

Louise mira hacia la luz de la ventana, respira suave. Lousie acaricia el verso azul como si fuera un pedacito de cielo. by @rollingwordsld
3
17 days ago
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Toma 3. Hotel Bôvary
Emma
 
Para mi pintor Matisse pudiera ser simplemente eso: una mujer leyendo sobre la mesa. Para la toma de la viajera residente, como las flores, soy una mujer de tristeza efímera. 
Ella cree que en el hôtel Bovary se me pasará. Pero lo dudo. ¿Acaso los libros redimen? Yo creo que algunos hasta envenenan.
 
Me llamo Emma y soy una mujer insatisfecha. Leí tantos versos de Las flores del mal: <<Me parece que siempre estaría bien allí donde no estoy>> que llegué a creer exactamente eso. Que mi vida estaba en otra parte. Que se me perdió entre entre amores, libros, cócteles, qué bella estás, conversaciones sonoras. Qué interesante eres, querida, y otras algarabías.
 
Leí mucho y con mucha devoción a Flaubert, pero no, yo no soy esa Emma. Lo extraordinario tiene algo de espectáculo. Más para una mujer como yo, bailarina del Moulin Rouge, que no basta si no eres vista. ¿O debería ser al contrario?
 
Los halagos perfuman mi ego. Llevo una vida apasionante y digna: siempre a la altura de las circunstancias. Pero cuando llego al camerino y me saco el maquillaje no soy capaz de mirarme al espejo.
 
Cada mañana en mi diario proyecto una vida que no vivo: soy una aburrida guardarropista que ni siquiera desea ser una auténtica perla. Solo una mujer que pasa, que lleva dentro toda su impedimenta. Que cultiva violetas y nadie las ve. Que elige su propia deriva. Una mujer totalmente vulgar.
 
No he venido al Hôtel Bovary buscando soledad, ni flores. Ni siquiera, mis reliquias: los libros. 
He venido aquí solo con un espejo. Sin él, esto no tendría sentido. 
 
Al sentarme antes de abrir el libro, he cogido una flor blanca del ramo sobre la mesa y me la he puesto en el pelo. Esta vez lo he hecho sin público. Solo por esta vez, por si en algún momento me atrevo a posar ante mí misma.
 
La viajera residente registra el teletipo: Quiere que su vida sea suficiente. ¿Eso no es irrepetible? by @rollingwordsld
6
22 days ago
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Toma 2. Hôtel Bovary
Charlotte

Charlotte está aburrida de su marido Armand pero él no lo sabe. Demasiados días llegando a deshora. Rastros de olor a perfume de mujer en su corbata. Llamadas desatendidas a la vez de su secretaria Madeleine y del teléfono directo de Armand.
 
La viajera residente le recomienda el Hôtel Bovary. Quizás la lectura le sirva para coger perspectiva y, quién sabe, quizás valorar alguna otra vida pendiente. Además, allí solo los libros, el silencio y las flores harán acto de presencia. ¿Cómo renunciar a ello?
 
Ya en el Hotel, Charlotte localiza un libro escondido detrás del papel floreado de la pared. Alguien con delicadeza se ha tomado su tiempo, piensa, y escoge la mesa con el jarrón de rosas rojas. 
Se sienta. Las mira con fruición. Son tan vívidas. Del color del carmín de sus labios.

Abre el libro.

El libro se titula Asesinatos ejemplares. Es una edición censurada que solo se puede encontrar en el hotel Bovary. La viajera residente oculta entre las cortinas la observa con su telefoto con intención curiosa. Esa forma de leer. Charlotte lee bajito y no para de leer. Olor dulzón, lectura sigilosa, rojo sangre. 
Un bodegón libidinoso.
 
Pasado bastante tiempo, Charlotte se levanta, hurta una rosa sin disimulo y sale del hotel. La viajera residente la sigue. Charlotte entra en una apoteca. 
 
Esa noche, después de muchos meses, hace el amor con su marido Armand de forma ciertamente desmedida. Él se sorprende o se asusta (lo dejamos a la imaginación del lector). Ella le dice: cariño, la posición horizontal siempre me ha sonado a muerto. 
Él no sabe qué decir.
 
Al día siguiente, Madeleine recibe una rosa deliciosamente envuelta en papel de cristal con la siguiente nota: <<Querida, esta rosa roja huele a ti>> firmada con la inicial <<A>>. 
Ella aspira su olor. Se marea. La pupilas se le dilatan. Convulsiona. Cae inconsciente.
 
La viajera residente registra el teletipo: Es una bonita imagen literaria espolvorear una rosa con polvo de Belladona.
 
(Pasados unos días, Charlotte vuelve al hôtel Bovary. Su marido Armand anda despistado y ella necesita otro descanso.) by @rollingwordsld
9
24 days ago
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Toma 1. Hotel Bôvary
Monique

La viajera residente acaba de llegar al Hôtel Bovary. Un hotel para lectoras que aloja a mujeres solas.

Solo hay dos condiciones:
La primera es traer un ramo de flores.
La segunda es que su único acompañante sea un libro.

Al entrar cada mujer deberá dejar las flores en la recepción y esconder su libro en cualquier lugar del hotel. Así podrá después buscar otro libro para su lectura.

En el Hôtel Bovary no hay ningún libro a la vista salvo los que las lectoras estén leyendo. Todas las mujeres podrán disponer de cualquier lugar por extraño que sea, para poder leer a sus anchas o considerando sus rarezas o extravagancias. Está permitido.

A Monique no le gusta nada leer pero quiere alojarse sola en un hotel. La viajera residente ya infiltrada en el interior acaba de dejar un libro detrás de una cortina que Monique localiza y, con él, se sienta aburrida a la mesa como si solo quisiera ver pasar el tiempo. 

La viajera residente localiza un libro dentro de una jaula de pájaros recubierta por una tela de rayas de color amarillo. Abre la jaula, extrae el libro y en su interior lee una nota manuscrita: De tanto leer otras vidas, perdí el interés por la mía.

Furtiva, mira hacia la mesa azul.

Monique va pasando las páginas, va cerrando los ojos. El sol va iluminando su cara. Apoya la cabeza en su mano. La flores huelen tan bien.

Al salir la recepcionista pregunta a Monique si ha disfrutado de su lectura, a lo que ella responde: Muchísimo, querida.

La viajera residente registra el teletipo: A las doce del mediodía, cuando suenan la campanas, una lectora liberada sale del Hôtel Bovary. by @rollingwordsld
28
a month ago
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Solo sé que lo sé todo, diría Sócrates hoy. Y es que estamos perdiendo el encanto del misterio. La IA es nuestra bola de cristal tecnológica así que ¿para qué dudar? Ella, amablemente y con mucha empatía, nos lo dice todo. En segundos se puede convertir en médico y darnos la lectura de un análisis de sangre o aventurarse con las imágenes de una resonancia de cerebro.
 
Lo queremos saber todo y rápido. ¿Estamos perdiendo el encanto de lo incierto? ¿De no poder vivir con la incomodidad de la búsqueda infructuosa? La IA no solo nos está estirpando la magia de la curiosidad insatisfecha sino también del ritual de la búsqueda. Recuerdo cuando iba a la biblioteca y me rodeaba de libros, algunos difíciles de manejar por su volumen, los abría con el regusto de quién investiga sin saber dónde acabará y me tomaba mi tiempo para contrastar pacientemente. Y aún así, no estar segura con las fuentes. Seguir buscando.

¿Llegará también el día en que la tecno bola de cristal adivine de un plumazo la existencia de Homero?
 
Ojalá le dejemos algo al misterio que ni siquiera Agatha Christie lo pueda resolver. Que podamos volver a echar cartas por correo sin la certeza de que lleguen. A no dar con ese libro en una librería y no saber si algún día lo podremos conseguir. A no saber nunca en qué siglo vivió Homero. A darle alas a esa cosa que se llama fe y no es más que imaginación, que tantas veces nos salva.
 
Tomaros unas vacaciones de realidad, nos dice Huxley en su Mundo Feliz.
Por mi parte, propongo un día entero sin querer saber nada. Un día de asuntos propios. De misterios sin resolver.

#díadeasuntospropios by @rollingwordsld
9
a month ago
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La viajera residente se acaba de subir a un tren con destino a… bueno, quizás no sea necesario decirlo. 
A su lado hay una señora y una joven una en frente de la otra. Tienen cierto parecido.
Esta vez el oído le hace de telefoto y la viajera residente afina la escucha:

-Por cierto, hija, esta noche soñé con mi funeral.
-Mamá, lo dices como si hubieras soñado con cualquier cosa.
-Bueno, veía la cajita y todo eso y a todos llorándome. -como si se mofara- pero yo ya no estaba allí.
-Pues mejor para ti.
-Sí cariño, quién sabe si es un augurio y me llega pronto, que la semana que viene me operan de la muela del juicio y me sierran el hueso.
-Ay mamá, siempre tan dramática, ¿no recuerdas que me sacaron las cuatro juntas a los quince años?
-Sí y que tu padre casi te mata duplicándote la medicación.
-Pero me sacó el dolor. Solo se trataba de eso.
-¿Y si te hubieras muerto que habría hecho yo? ¿Divorciarme?

La chica se calla y la madre continua.

-Como mi suegra que como siempre es idiota y…
-Mamá, el otro día me dijiste que me parecía mucho a la abuela.
-¿Y? Ay hija mía, ¿quieres que te mienta?
-Sí. -Dice bajito.
-Bueno cariño, está claro que no nos entendemos. No sé qué más hacer. -Suspira.

La hija mira por la ventana del tren y siente el cansancio. Como si estando sentada le pesara mucho el cuerpo.
Cierra los ojos y se imagina que construye un barquito de papel en el que vuelca todas las espinitas que ha ido recolectando en un frasco. Se asegura de no dejarse ni una.  Después, lo echa al mar y, como las gaviotas, mira el horizonte. 
Se duerme pensando en el barquito de papel. Se pregunta hasta dónde llegará.

La viajera residente registra el teletipo mental: Pequeñas verdades universales. by @rollingwordsld
12
a month ago
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Mi  primera columna para un periódico de algún lugar. Muy receptiva a vuestros comentarios, desacuerdos, concordancias, confidencias, palabras, libre opinión y muchas ganas leeros!

*Asunto del día: ¿Qué significa volver del verano?
 
Meteorológicamente me desubica encajar la vuelta porque aunque los días se acorten, el sol sigue erre que erre. Cuando en el telediario veo el mapa en rojo fuego me produce sensaciones asfixiantes y apocalípticas. ¿Debería borrar la aplicación del tiempo en el móvil? No dejo de mirarla. Podría ser noviembre y estar en playa.
 
Mentalmente la vuelta nos espera agazapada en la primera alarma que simplemente se convertirá en alarido cuando suene el primer día. Entonces el ojo que todo lo ve registrará: Pobrecitos ellos que vienen descontrolados de horarios, aletargados de las siestas, engordados de cervecitas y calamares, chiringuiteando, coloristas por las brisas marinas, convencidos de que al final todo irá bien mientras sonríen y miran el horizonte azul ultramar.
 
Y ahora ¿Qué van a hacer con sus vidas? Más des-conexión. Más clickbaits. Más  seguidores. Más Santa Teresa: que vivan sin vivir en ellos. Que la IA es muy lista y también sabe de Santos.
 
¿Y si la vuelta es vivir sin truco? Observar con atención el mundo igual que miramos aquel eclipse que ya casi parece un sueño. Mirar lo que ya nadie mira. Detenerme en ese pliegue de tu boca. Levantar la cabeza y mirar el cielo que no tiene algoritmo ni tampoco scroll que valga la pena. Fijarnos en la luz de octubre, en una casa que se vacía, en una vida entre dos mundos, en la playa al final del verano. Tejer la insignificancia del tiempo con hilos de presentes. Ese puntito de transición.
 
Dice Wordsworth que ahora a la vuelta en esta nueva vida que empieza todo está preparado para desvanecerse. Tres siglos después sus palabras siguen vigentes.

Aunque después de todo lo escrito quizás para muchos  volver del verano sea una liberación.

#diadeasuntospropios by @rollingwordsld
16
2 months ago
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