Posted On: June 26th 2026, 05:06 pm
Cada vez que voy a mi casa en Alquízar, la casa de mis padres donde viví hasta los 23 años, recuerdo las tardes que pasamos. Allí mis hermanos y yo descubrimos el mundo juntos. Sembré un naranjo y una orquídea con mi abuela cuando ella aún vivía en Cuba. Me enamoré para siempre de los perros. Soñé con ser escritor y perderme algún día entre montañas y cascadas. Allí nació también mi poesía, en los troncos de árboles viejos y el rayo de sol que atraviesa las hojas de ese naranjo que sembré y ahora contemplo.
En este patio está mi infancia. Aquí fui biólogo, científico, explorador, fotógrafo y cineasta.
Ya no es el mismo patio. Ya hay más prisa. Ya he aprendido algunas cosas y cumplido algunos de esos sueños. Pero sigo extrañando. Extraño una tarde con mi abuela. Extraño la risa de mi hermano pequeño. Extraño embarrarme de los mangos que recogíamos del suelo después de los ciclones. Extraño correr con mi perra y llenarme de arañazos. Extraño esa parte de mi infancia que me hace recordar de donde vengo, el niño que fui y los sueños que tuve desde aquel (mi) rincón pequeño y aislado del mundo.
Ahora es bonito volver. Ver caer la lluvia. Tomar un café con mi madre, que sigue siendo joven y la mujer más hermosa del mundo, regar las plantas que dejó mi abuela y ver en el rostro de mi padre el orgullo de todo el camino recorrido.