Posted On: August 11th 2026, 08:33 pm
Escribir me da la oportunidad, la excusa, de leer desde otro lugar, desde la ilusión de otra experiencia. Leo para encontrar algo escondido; algo que no tiene nombre.
Hoy abro ‘La trastienda de la escritura’, un ensayo de
@lilianaheker que
@belenlopezpeiro me recomendó hace un tiempo. Elijo el capítulo ‘El extraño caso de la tercera persona’, en donde Heker menciona su relato La llave –que se puede encontrar en sus ‘Cuentos reunidos’, editado por Alfaguara-. En él la protagonista ha perdido la llave de su casa y solo se da cuenta cuando está delante de la puerta. Es de noche. Y ella, que no tiene nombre, comienza a pensar en voz alta. A partir de entonces la historia toma forma; cómo lo hace es un hallazgo que me emociona.
Ayer fue mi cumpleaños. Después de cantar (berrear) en un karaoke con las amigas (besitos), volví a casa en tren. Llegué hasta la puerta de mi apartamento. Es una puerta amarilla. Era la una de la madrugada. La llave, mi llave, no funcionaba. La cerradura llevaba dando problemas desde hacía unos días. Ayer dijo basta. Por suerte, pensé, había avisado el viernes a mis caseros; quizá eso me salvaría. Pero no era suficiente. Tenía que tomar una decisión. Lo que se me pasó por la cabeza: seguir intentándolo –no darme por vencido hasta que la puerta se abriera o la llave se rompiera–; llamar por teléfono a mis caseros; recostarme sobre el felpudo como si tuviera el tamaño y la textura de un chihuahua de pelo largo; vagar por la calle hasta que se hiciera de día; llorar: aceptar que mi cumpleaños se había terminado y que esto era la señal de que a partir de ese momento comenzaba un año de mala suerte; ir a dormir a un hotel –a un buen hotel, por una vez, por qué no–; avisar al vecino para saltar desde su balcón al mío; escribir a alguna de las amigas con la que había cantado, esperar que alguna estuviera despierta; llamar a un cerrajero de emergencia –pero costaría mucho dinero y el dinero me da miedo–.
El final de la historia no importa tanto (pero gracias para siempre,
@maitebece) como el movimiento interno que la lectura desencadena. Leer y escribir –escribir y leer– para sentirse, aunque sea un poco, un poquitico, poquirritico, más vivo.