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The Memory of Blue

Hay recuerdos que el corazón nunca supo si heredó o inventó. En todos ocurre lo mismo: los atardeceres todavía saben marcharse sin dejar nada atrás. La noche no exige explicaciones y el silencio permanece lo suficientemente vacío como para no parecer una amenaza. Todo respira con la ligereza de aquello que aún desconoce el peso de imaginar demasiado.

Quizá esos días existieron. O quizá la memoria aprendió a dibujar refugios donde nunca hubo casa. Es difícil saberlo.

Hay ausencias que no llegan de repente. Se instalan con la paciencia de las estaciones y esperan. Un día descubres que el cielo ya no tiene el mismo color de siempre, aunque nadie recuerde cuándo empezó a apagarse. Desde entonces, el silencio comenzó a quedarse unos segundos más de la cuenta, como si esperara que algo ocurriera antes de marcharse. Las noches dejaron de terminar cuando amanecía; algunas siguieron viviendo debajo de la piel incluso después de que saliera el sol.

Qué extraño. Hay sombras que no oscurecen las habitaciones. Prefieren aprenderse de memoria el interior del alma. Y cuando lo consiguen, todo empieza a parecer un presagio.

Entonces aparece una nostalgia imposible: la de extrañar un lugar que quizá nunca existió; la de buscar un cielo cuyo nombre nadie recuerda y que, aun así, sigue resultando familiar.

Quizá por eso incluso las noches más largas olvidan algo cuando pasan demasiado tiempo siendo noche. Hay instantes en los que el cielo parece recordar un color que nadie sabe nombrar, como si todavía quedara, escondido entre tanta oscuridad, el eco de un mundo que alguna vez respiró distinto.

No sé si realmente existió.

O si el alma solo inventa ese lugar para no olvidar que también es posible mirar sin esperar que algo se rompa.

Lo más extraño no fue que cambiara el mundo. Fue dejar de creerle cuando decía que todo estaba bien. by @shadows.nochu
8
22 days ago
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Silent Gravity 

La vida humana es una órbita que no siempre se nota, pero sigue ocurriendo. Algo entre la luz que llega tarde y la sombra que nunca se va del todo. Un cielo compartido donde cada uno existe distinto.

Dentro de nosotros hay cuerpos celestes que no siempre brillan hacia afuera. A veces solo pesan. A veces insisten. Estrellas que no terminan de morir ni de nacer, suspendidas en un punto que no sabe si es comienzo o recuerdo.

El silencio no es vacío. Es materia invisible acumulándose sin prisa, como si el universo también supiera callar. En esa quietud, algo se estira, algo se dobla, algo cambia de lugar sin pedir permiso.

Hay fuerzas que nos arrastran sin tocarse. Gravedades internas, invisibles, que hacen que todo lo que somos empiece a inclinarse hacia un mismo punto. Y uno no siempre entiende cuándo empezó a caer, solo nota que el centro ya no responde igual.

Y en algún lugar de esa caída, existe un borde que no se anuncia. Un umbral que no tiene forma clara, solo la sensación de estar dejando atrás una versión de la materia que nos sostenía.

No es una transformación sin testigos.

Al final, lo que somos no permanece fijo. Se dispersa, se junta, vuelve a romperse en partículas que siguen teniendo memoria de la luz.

Y aun así, incluso en lo más distante, queda algo flotando. Una estela que no busca ser vista, pero tampoco sabe dejar de existir.

Y quizá lo más extraño es que nunca estamos del todo perdidos ni del todo encontrados. Como si el universo dudara entre si estamos cayendo o regresando, si somos expansión o memoria suspendida en el tiempo. Tal vez por eso seguimos moviéndonos: no por llegar a un lugar, sino porque incluso el espacio entre dos puntos también parece llamarnos por nuestro nombre, como si el vacío también tuviera forma de voz. by @shadows.nochu
14
a month ago
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A Secret Among the Stars

A veces la noche me encuentra hablando con las estrellas.

Nunca responden. Aun así, siempre hay una que termina llevándome hasta ti.

No sé en qué momento todo lo que nunca fui capaz de decir empezó a ocupar un lugar más inmenso que mi propia existencia.

Fue algo silencioso, casi imperceptible. Como las estrellas, que nadie ve nacer y, aun así, una noche descubres que siempre estuvieron allí.

Desde entonces, llevo una parte de mi alma orbitando alrededor de la tuya. Y qué extraño es perderse de esta manera.

Hay días en los que entiendo a quien necesitó cuarenta y tres puestas de sol para acompañar su tristeza. Yo, en cambio, espero a que llegue la noche para conversar con las estrellas.

Porque quisiera contarles todo lo que guarda mi alma, pero el idioma siempre termina siendo demasiado pequeño. Tanto, que ni un libro entero alcanzaría para sostenerlo. Las palabras permanecen viviendo entre los latidos, esperando un lenguaje que todavía no existe.

A veces imagino que las estrellas entienden aquello que mis palabras nunca han sabido decir.

Desde entonces, cada noche les dejo las cartas que nunca fui capaz de escribir.

Quizá ellas sepan hacer con la luz lo que yo nunca pude con las palabras.

Quizá nunca sepas cuán grande es tu universo aquí.

Y está bien.

Las galaxias también tardan años en encontrarse. Viajan durante una eternidad sin saber si, algún día, su luz alcanzará aquello que durante tanto tiempo solo pudieron contemplar desde la distancia. Aun así, nunca dejan de avanzar.

Tal vez eso seas para mí.

Una luz lejana. Una presencia que no siempre puedo tocar, pero que sigue encontrando la forma de iluminar mis noches en vela.

Y cuando la noche vuelva a encontrarme hablando con las estrellas, sé que ninguna responderá. Pero también sé que, de alguna forma, todas volverán a llevarme hasta ti.

Y aun así, cuanto más hablo con las estrellas, más entiendo que lo que no puedo decir… también me está llevando a ti. by @shadows.nochu
7
a month ago
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Like a Supernova 

Hay estrellas que pasan siglos aprendiendo a sostenerse. Guardan luz en rincones donde nadie mira, coleccionan inviernos entre sus capas y acumulan silencios como quien esconde cartas viejas en un cajón que nunca vuelve a abrir. Desde lejos parecen inmortales. El universo las contempla y cree que nada podría quebrarlas.

Pero incluso las estrellas terminan cargando demasiado cielo en el pecho. Llega un instante en que el núcleo se convierte en una habitación demasiado pequeña para todo lo que ha sido guardado: los sueños que perdieron su nombre, las promesas que se oxidaron con el tiempo, las ausencias que encontraron refugio entre las costillas de la luz.

Y entonces ocurre.

No hay advertencias. Solo un destello tan intenso que parece abrir una grieta en la noche.

La estrella se rompe.

Sus fragmentos atraviesan el vacío como recuerdos escapando de una memoria que ya no puede contenerlos. Su luz se derrama sobre la oscuridad igual que tinta dorada sobre una página interminable. Por un momento, todo parece perdido, como si el universo hubiera presenciado el final de algo irremplazable.

Pero las supernovas guardan un secreto.

Nadie les enseña a los ojos humanos que, después de la explosión, el polvo sigue viajando. Que cada partícula lleva consigo la memoria del fuego que la vio nacer. Que los restos de una estrella son fragmentos dispersados por el cosmos. Mientras el vacío parece reclamarlo todo, nuevas constelaciones comienzan a escribirse en silencio. Galaxias enteras encuentran su origen en aquello que alguna vez fue una herida de luz.

Quizá por eso las supernovas resultan tan familiares. Porque hay derrumbes que no vienen a arrancarnos del universo, sino a mezclarnos nuevamente con él. Hay finales que solo son puertas disfrazadas de ruinas.

Y aunque desde dentro todo parezca reducido a cenizas y sombras, algo permanece encendido entre los escombros. Una chispa. Un pequeño resto de estrella.

Lo suficiente para que, algún día, otro cielo aprenda a pronunciar nuestro nombre. by @shadows.nochu
16
a month ago
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Between Songs and Calendars 

A veces me pregunto cuántas versiones de mí habitan en una canción. La que aún no sabía qué hacer con sus miedos, la que creía que crecer significaba tener respuestas y la que pasaba noches enteras conversando con pensamientos demasiado grandes para su alma. Todas siguen ahí, como si hubieran encontrado una forma de quedarse entre melodías que han aprendido a acompañar mis años mejor que muchos recuerdos.

Ha pasado tanto tiempo desde aquel primer encuentro que algunas memorias ya perdieron sus bordes. Sin embargo, hay cosas que permanecen intactas: la emoción de escuchar una canción por primera vez, el consuelo inesperado de un verso y la sensación de encontrar compañía entre siete voces. Y qué extraño resulta pensarlo ahora, porque mientras el mundo seguía girando, yo también iba cambiando.

Pero cada vez que vuelvo a aquellas primeras canciones, encuentro pequeñas huellas de todas las personas que fui. La adolescente que observaba el futuro como algo inmenso, la que intentó aprender a caminar incluso cuando el alma pesaba demasiado y la que descubrió que ninguna versión de sí misma desaparece realmente; simplemente aprende a convivir con las demás.

Hay algo profundamente hermoso en crecer junto a la misma música. Volver a ella años después y descubrir que las canciones siguen siendo las mismas mientras quien las escucha ha cambiado por completo. Como si durante todo este tiempo hubiéramos estado avanzando en paralelo, encontrándonos una y otra vez en distintos momentos de la vida.

Un final de primaria, un comienzo de secundaria, un inicio de primavera, un paso hacia la adultez donde tantas veces me encontré perdida entre mis pensamientos y sus letras.

Por eso, cuando pienso en estos años, no veo únicamente fechas acumulándose en un calendario. Veo recuerdos que todavía respiran, versiones de mí sentadas una junto a la otra y siete voces atravesando distintas etapas de mi vida sin quedarse atrapadas en ninguna.

Y de alguna manera, cada vez que vuelvo a ellas, también vuelvo a encontrarme. by @shadows.nochu
22
a month ago
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At Wind’s End

Hay algo que siempre me ha parecido curioso.

Muchos de ustedes no saben mi nombre. No conocen mi edad, no saben cómo es mi voz y probablemente tampoco gran parte de mi historia. Y aun así decidieron quedarse.

Quise escribir esto para quienes, durante todo este tiempo, han encontrado algún tipo de hogar entre mis letras.

No es ningún secreto que no soy el mejor escritor, ni poeta. Comencé a escribir hace años porque necesitaba algún lugar donde dejar aquello que llevaba demasiado tiempo guardando. Las palabras fueron mi manera de intentar comprender lo que sentía y darle nombre a cosas que me acompañaban desde hacía mucho tiempo.

Sé que mis escritos no siempre son fáciles de entender. Muchas veces me escondo detrás de metáforas y rara vez tengo el valor de salir de ellas por completo.

Pero nunca escribí esperando números.

Porque, para mí, escribir siempre fue algo más sencillo que eso.

Era sentarme frente a una página en blanco y lanzar mis pensamientos al viento, con la esperanza de que, en algún lugar, alguien los encontrara.

Y lo hicieron.

Por eso sigo sintiéndome agradecido cada vez que puedo leerlos, cada vez que alguien me dice que una de mis letras lo acompañó en un momento difícil o que encontró una parte de sí mismo entre mis palabras.

Cuando decidí compartir lo que escribía, lo hice porque me negaba a creer que era la única alma sintiéndose de esa manera.

Y pude descubrir que realmente tenía razón.

Aunque nunca deseé que alguien tuviera que habitar algunas de las emociones que dieron vida a esas letras. Después de todo, nacieron de noches que no siempre fueron sencillas de atravesar.

Sabía que el mundo terminaría haciendo honor a su nombre.

Es demasiado grande para una sola historia y demasiado pequeño para una sola tristeza.

Tal vez por eso mis palabras llegaron más lejos de lo que imaginé.

Les agradezco por acompañar este pequeño lugar, por encontrar algo valioso entre palabras que muchas veces ni siquiera sabían explicar del todo lo que sentía.

Creo que al final, el viento sí sabe exactamente dónde dejar las cosas. by @shadows.nochu
16
2 months ago
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The Child on the Other Side of the River

Hay un campo de brumas donde el ayer descansa, un lugar donde el viento juega a susurrar nombres olvidados. Allí, los días son estirados como sombras al atardecer, tejidos de hilos dorados que el sol abandonó. En ese paisaje, el tiempo se deshace en suspiros, y cada paso deja un rastro de risas en el polvo, como hojas de otoño flotando hacia el suelo.

Recuerdo las carreras sin prisa, el juego de las sombras danzando entre los árboles, y el suelo suave bajo pies inquietos. Había un escudo invisible, una armadura de inocencia que abrazaba, protegiendo de cualquier grieta en el mundo. Las estrellas colgaban bajas, confiadas y cercanas, como si el cielo se inclinara para escuchar los murmullos de un sueño por nacer.

Hoy miro la orilla de un río sin fin, viendo cómo las aguas llevan mi reflejo entre sus dedos. Mis manos, que alguna vez moldearon castillos efímeros en la arena, ahora tiemblan al recordar los secretos susurrados en la brisa. El infante en el espejo se ha vuelto un extraño, un eco lejano, una imagen quebradiza en la superficie de este río antiguo. Sus ojos guardan una promesa que nunca regresó del otro lado del horizonte.

En el rincón de esa memoria escondida, el viento sigue acariciando los sueños que dejé en el aire, y las estrellas, desde lejos, me observan. Tal vez, solo tal vez, en el eco de su luz, aún queda un pequeño resplandor que me recuerda quién solía ser. by @shadows.nochu
13
2 months ago
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An instant away from coinciding

Existen cuerpos que aprenden a sostener la forma
mucho después de haber perdido el pulso.

Todo sigue ocurriendo con una precisión impecable:
los pasos encajan como si nada faltara,
y la escena respira con una belleza que no se cuestiona.

Pero algo se queda a un instante de coincidir.

Se queda apenas detrás,
como un eco que no alcanza a tocar su origen,
como un latido que suena… pero no pesa.

No hay quiebre.
No hay ruido.
Nadie señalaría el instante en que cambió.

Solo una grieta fina,
lo suficiente para vaciar sin destruir,
para sostener la forma
mientras el sentido se desliza en silencio.

Desde fuera, permanece un brillo.
Siempre lo hay.
Todo parece intacto, incluso más perfecto que antes.

Pero detrás del telón queda una estructura que recuerda haber estado llena,
como ruinas que aún conservan la forma del origen
sin guardar lo que alguna vez las habitó.

Como si el movimiento se hubiera vuelto suficiente
para no tener que preguntarse nada.

Una inercia silenciosa
que no sabe cómo detenerse
sin sentir
que al hacerlo
no se rompería,

sino que simplemente
dejaría de haber algo ahí.

Tal vez nunca se rompió nada.
Tal vez solo se desplazó, lo suficiente para no coincidir consigo mismo.
Y desde entonces, todo lo que permanece lo hace con una precisión impecable,
pero deshabitada,
como si la existencia hubiera aprendido a sostenerse
sin necesidad de estar realmente consigo misma. by @shadows.nochu
20
3 months ago
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A Library of Attempts

Si alguna vez reuniera todas las cartas que te he escrito, quizá podrían llenar una biblioteca. Los estantes se doblarían bajo el peso de las páginas y el polvo aprendería de memoria cada una de las palabras que alguna vez intenté dedicarte.

Y aun así, seguirían faltando estrellas en el universo.

Porque nunca he encontrado una forma exacta de traducir lo que habita en mi cabeza cuando se trata de ti.

He escrito metáforas prestadas de la luna, he escondido sentimientos entre galaxias, he buscado refugio en los océanos y en las noches interminables. He llenado hojas enteras tratando de acercarme a una emoción que siempre parece caminar un paso por delante de mí.

A veces pienso que no es porque las palabras sean insuficientes.

Tal vez es porque ciertos sentimientos nacen en un idioma que los seres humanos todavía no han aprendido a hablar.

Entonces escribo.

Escribo una carta.

Luego otra.

Y otra más.

Como quien arroja botellas al mar esperando que una de ellas consiga llevar intacto aquello que sus manos no pudieron sostener.

Pero ninguna llega completa. Siempre queda algo atrapado entre las costillas, algo que se resiste a convertirse en tinta.

Quizá por eso nunca he dejado de escribirte. Porque sigo buscando aquellas palabras dignas de traducir exactamente el idioma de mi alma. Aunque, con el tiempo, he comprendido que las palabras y los sentimientos parecen habitar orillas opuestas del mismo mar.

Pero nunca he querido rendirme en medio de ese desierto incierto lleno de sentimientos al borde.

Aunque llenara mil cuadernos, mil cartas o mil bibliotecas enteras, sospecho que el resultado sería el mismo: una colección infinita de intentos rodeando una emoción que jamás logró ser contenida. He dejado cientos de rastros sobre papel, y ninguno ha logrado desmantelar mi sentir.

Quizá por eso ninguna carta ha sido suficiente: cada una logra acercarse un poco más y, al mismo tiempo, quedarse igual de lejos. by @shadows.nochu
16
a month ago
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more ours now than ever 

Las estaciones siguieron su curso, deslizándose con suavidad sobre lo que nunca dejó de estar.

El pulso siempre permaneció ahí, en voz baja.

Solo cambió la forma en que el sol tocaba cada estación,
como si aprendiera a quedarse más en el alma, más quieto,
más nuestro.

Siempre hubo algo sosteniéndose entre lo invisible, respirando bajo capas de días, acompasando silencios
que nadie más parecía notar.

Y aun así,
seguía ahí.

Quizás no como entonces, pero tampoco distante. Me atrevería a decir que se volvió más íntimo, mientras los días pasaban y mis primaveras seguían corriendo tras los mismos pasos que alguna vez descubrí.

Como una melodía que no necesita sonar en voz alta para ser reconocida.

Esperé los días, viendo caer cada hoja del calendario,
hasta encontrarme otra vez con esta emoción, casi como si volviera, suavemente, a los once años.

Y entonces, 
sin romper nada, 
sin hacer ruido.

todo comienza a sentirse cerca una vez más.

Y esta vez no es la misma primavera, ni son las mismas memorias.

Entre ellas, hay un crecimiento que transforma el pulso,
una diferencia sutil entre lo que fue y lo que ahora florece.

Ahora parece alcanzar rincones que antes no sabía nombrar, quizás por todo lo que aprendió a habitar en el tiempo.

El tiempo hizo lo suyo: dejó huellas suaves, cambió la forma de mirar, enseñó a sostener otros ritmos.

Pero hay presencias que no se miden en distancia ni en tiempo.

Solo se expanden mientras volvemos los días nuestros.

Y en ese instante, casi imperceptible, algo florece de nuevo donde siempre hubo un espacio guardando la emoción para esta estación. by @shadows.nochu
20
4 months ago
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The Illusion of Closeness 

Días pasados estuve leyendo el post de @sol.kook13 y, después de cerrar la pantalla, me quedé pensando un rato.

Hay luces que llegan a nosotros después de recorrer distancias imposibles. Las vemos tan seguido que, a veces, olvidamos que siguen estando lejos. Quizá por eso algunas personas confunden admiración con pertenencia. Como si seguir una estrella durante años significara que un día podremos reclamarla como nuestra.

Pero el cielo nunca hizo esa promesa.

Hay algo triste en ver cómo la confianza de alguien es recibida como una invitación a cruzar puertas que nunca fueron abiertas. Como si cada pequeño fragmento compartido viniera acompañado de un mapa, cuando en realidad solo debería sentirse como una forma de recibir un: «Hoy quise mostrarte este pedacito de mi mundo».

Algunas cosas se cuidan precisamente porque no nos pertenecen. Porque querer no siempre significa acercarse más. A veces significa permanecer a la distancia exacta donde la luz puede seguir existiendo sin miedo.

Quizá la forma más sincera de admirar una estrella no sea perseguirla a través del cielo, sino agradecer cada vez que su brillo nos alcanza. Entender que hay constelaciones que iluminan nuestras noches sin necesidad de caer en nuestras manos.

Y que el cariño, cuando es genuino, no busca arrancar nada del cielo. Solo aprende a contemplarlo hasta donde él nos permita hacerlo, sin buscar nada más allá…

Hay fragmentos de un universo que fueron compartidos, no entregados.

Incluso cuando una estrella decide mostrarnos su luz, sigue perteneciendo a su propio cielo. by @shadows.nochu
20
2 months ago
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At the same table 

¿Quién se sienta con su verdugo y espera no sangrar?
¿Quién acaricia su miedo sin que le tiemble el pulso?

Sentarse junto a la oscuridad no es un acto de entendimiento, sino de rendición, cuando ya no queda adónde correr. La noche no ofrece abrigo; apenas ofrece un suelo frío donde doblar las rodillas. ¿Es esto un gesto de misericordia o de burla?

Los miedos no callan. Gritan más fuerte, como si la cercanía les diera nueva vida.
Cada sombra tiene un rostro, y cada rostro parece propio.
¿Se puede temer a lo que nace dentro de uno?

Se le pregunta al silencio si alguna vez dejará de doler. Pero él solo responde con más silencio. Tal vez la respuesta siempre estuvo en el eco de una desesperación oculta.

¿Es valentía quedarse?
¿O es cobardía no tener la fuerza de escapar?

La oscuridad observa sin ojos. Habla sin voz. Sostiene sin manos, solo con el peso inmenso de lo que nunca se nombra.

Cada latido es un tambor de guerra en un pecho rendido. Cada respiro, una soga invisible atada al abismo.

¿Puede un corazón acostumbrarse a latir entre ruinas?
¿Puede una herida aprender a ser hogar?

Solo Existe la certeza de que, a veces, sentarse junto al miedo no lo apacigua: lo despierta.

Y en esa vigilia interminable, tal vez se comprende: no siempre se sobrevive huyendo, y no siempre se vive quedándose. by @shadows.nochu
11
3 months ago
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