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#TheCubanAuroraHunter - Cuando el corazón te pide abrazar tus raíces, no importa dónde estés.
Me llevo mi bandera, me llevo mi música, y cargo además con el intenso deseo de compartir las maravillas del mundo con mi gente, soñando que algún día mi pueblo sea tan libre, luminoso y colorido como las Auroras Boreales.
Soy un ser afortunado: tengo el mejor trabajo del mundo, salir cada noche con mi cámara a cazar las luces del norte. Ahora vivo en una tierra donde la naturaleza gobierna y te obliga a respetarla.
Si supieran cuánto hablo de nuestra isla con cada persona que se cruza en mi camino por estos rincones del mundo…
Cuando me fui de Cuba escribí: “me siento como un árbol que, obligado a caminar, tuvo que arrancarse las raíces.” Hoy, al fin, siento que he encontrado mi pedacito de mundo.
¡Viva el alma de todos los seres, viva el alma de los cubanos que, dentro o fuera, sueñan con su tierra libre, próspera y orgullosa!
Nada es para siempre.

Gracias a mi hermanito @mbergstrup por estas fotos!
Gracias an mis queridos @kelvisochoa y @haydeemilanes por ser mi banda sonora durante muchas de mis cacerías.
Gracias @arcticgmexperiences por hacerme parte de la familia!
Gracias @norway por devolverme la ilusión.

(Si quieres ver cómo se ve una Aurora explotando, mira el vídeo hasta el final y alucina!!)
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#tbt ¿Quién recuerda qué era estar confinado? 
Part. 1
#arteencuarentena
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Me enamoré de tu luz de Porto.
#videoverticaldeverano @culturainquieta @iberdrola 

#porto #shotoniphone
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El 16 de diciembre de 2002 me fui de Cuba. Apenas había cumplido 18 años cuando llegué a Madrid por primera vez, solo y con 200 euros en el bolsillo. Recuerdo decirle a mi mamá que venía por un par de semanas y que me quedaría en casa de unos amigos. En mi interior, sabía que nada de aquello era cierto. Al final fueron casi 12 años en Europa, y dichos amigos no tenían idea de mis planes. Había abandonado mis estudios, mi familia y mi hogar, con el sueño de descubrir el mundo. Por aquel entonces, nunca me preguntaba qué quería hacer en la vida. Rápido encontré trabajo fregando platos en un restaurante en Leganés y un cuartito en casa de unos ancianos que me costaba 100 euros al mes (ahí se fue la mitad de mi capital). Hice de todo: construcción, demolición, comercial, teleoperador… Hasta que un día pude comprarme mi primera cámara, una Canon 400D. ¡Qué hermoso accidente, qué tremenda esa vocecita interior que me pedía esa cámara! Aquel muchacho feliz y “sin futuro” no podía imaginar hasta qué punto la fotografía cambiaría su vida.

En el año 2009, un domingo cualquiera por el barrio de La Latina, tras uno de mis paseos por El Rastro de Madrid, me crucé con este instante que en milésimas de segundo pude entender y capturar. “No hay futuro” se leía en la fachada de aquel banco vandalizado y aquel señor que pasaba, aquel señor…
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