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Regresé a Londres tras 11 años, esta vez pasaporte en mano y sin tocar ni un pound, todo contact-less.

Guiado por Carlota conocí lugares que creo que no entendí pero me alucinaron, como la tienda Dover Street Market, o calles a las que le pedí volver todos los días.

Recuerdo mi emoción la primera vez que pisé Londres, era la época de los jerséis polares de GAP (que eran lo más), y hacía tres meses que había muerto Lady Di.

Desde entonces he tenido la suerte de volver en varias ocasiones, y aunque siempre seré más de París, Londres ha conseguido estremecerme cada vez. Sin embargo en esta ocasión encontré la ciudad desdibujada.

Vaya por delante que yo para ir por Londres me disfrazo un poco: me pongo el loden, mi sombrero (que en Barcelona no ha lugar) y así creo un personaje para ir deambulando por sus calles. Son mis respetos a un lugar que me ha dado tanto. La liturgia de ir de viaje.

Ello contrasta con el desastre que me encuentro: quedo moralmentederrotado al constatar el declive del orden europeo patente en las calles de la city. Visitantes que tratan a Londres con desprecio.

Distinguí dos grandes grupos de forasteros:

Por un lado los millonarios: árabes, maturrangas rusas con abrigos de 8.000 y chándal debajo (Gucci, sí, pero chándal), boxeadores de UFC con zapatos de punta y tutti quanti protagonistas de un mundo que se me escapa.

On the other hand, la familia española que va de puente. Me distraigo viendo en sus caras la emoción de las primeras veces ante aquel decorado que aunque pasen los años me sigue maravillando: Look left, los autobuses, taxis y cabinas.

Sin embargo no logro entender por qué van en chándal. Familias que han volcado algo más que sus ilusiones en este viaje y que se pasean por Regent’s Street, como si fuese el Ànec Blau.

Para ir en chándal por Londres hay que haberlo metido antes en la maleta, me cago en la mar. Eso es no entender que eres el invitado, no sentir la obligación de estar a la altura de la genial función que sucede en las calles londinenses. Y me da igual que el chándal cueste 8.000, es el mensaje de no ser agradecido. Porque Londres no nos la hemos ganado, es un regalo.

S’ha acabat la poesia, mà a la patata.
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🎶🎶 I hope when I get old I don't sit around thinking about it,
But I probably will.

Yeah, just sitting back trying to recapture, a little of the glory of, well time slips away,
And leaves you with nothing mister but boring stories of:

Glory days, yeah they'll pass you by
Glory days, in the wink of a young girl's eye,
Glory days, glory days! 🎶🎶
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Hey there! I’m Carlota, and I’m thrilled to introduce you to my knitwear brand. 
Every piece is locally crafted in Barcelona using premium natural fibers, coming together in unique textures. Every collection is full of rich, fresh hues that feel as good as they look.

Hope you love the experience!
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