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Hace unos días se me ocurrió expandir este proyecto dominguero de los espacios de en medio y pedirle a gente que conozco alrededor del mundo que me dejara subir alguna foto de su día a día.
Muy seguido me frustra la idea que nos meten en la cabeza de que el propósito de nuestra existencia se encuentra en cumplir ciertas metas: acabar la escuela, conseguir un trabajo, ganar dinero, casarte, tener chamacos, que tus chamacos hagan lo mismo y luego morir.
Todos sucesos elementales que hay que cumplir y tachar como si de una lista del súper se tratara.

Lo peor viene cuando nos preguntamos: ¿y qué pasa con todo el tiempo en que no estamos cumpliendo esas metas? Nada, solo se vive. Qué desalentador.

Vivimos en un mundo moderno ahogados de estímulos y comparaciones. No es sorpresa que mi vida me aburra si mi dieta diaria es entrar a Instagram y ver gente viajando por Europa y comiendo lo más pipirisnais del planeta.

La mayor parte del tiempo la paso en tareas no tan emocionantes o gratificantes, solo son. No hay nada emocionante en lavarse los dientes, ponerse los zapatos o hacer trámites, pero son cosas fundamentales para el curso de nuestro día, sin esas pequeñas cosas nos salimos de órbita.

La idea de que todos los días estamos destinados a vivir la misma realidad monótona es decepcionante. Todo se vuelve rutina.

Pero hay algo chingón en pensar que esas tareas absurdas y “carentes de sentido” nos arman como individuos.

Nos convertimos en las caminatas que tomamos, las comidas que preparamos, los amigos que frecuentamos, las charlas que improvisamos y las historias que nos contamos.
Somos un collage de lo que nos sucede, de lo que hemos amado o nos ha amado. Somos esas pequeñas piezas, somos instantes.

Sí, todos los días estamos condenados por lo mismo (aguante Sísifo), pero no siempre se nos condena de la misma forma. Y ahí, en ese inter en el que aceptamos la mundanidad de nuestra existencia y le ponemos atención a nuestra inagotable rutina, ahí es donde uno de verdad vive. Ahí ocurrimos. Somos los espacios de en medio.

(sí, escribí Canadá mal, ni modo.)
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los espacios de en medio parte cuatro
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