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A las estrellas les es indiferente la Astronomía.
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La cosa va así: un día usted va, caminando, feliz, por cualquier calle de esta bendita ciudad. Si tiene un poco de suerte, por alguna de nuestras múltiples y maravillosas zonas verdes. Y si tiene mucha, por la ribera del Arlanzón, que atraviesa la capital y alrededor del cual ha crecido nuestra urbe. Si no tiene tanta, callejeará por alguna de las múltiples arterias que dibujan el mapa de Burgos. Y entonces lo notará.

Lo notará, como algo impreciso. Creerá que igual está pasando cerca de algún contenedor traicionero, de los que a veces quedan entreabiertos, de los que hacen a cualquiera entornar los ojos y dejarlos en blanco como hace la Esteban. Pero no. Creerá que, a lo mejor, absorto en sus pensamientos, no se ha fijado y algún premio no recogido por algún dueño de perro incívico (el dueño, no el perro) se ha pegado a la suela de su calzado. Y mirará, disimuladamente. Y verá que no hay nada, pero lo seguirá notando. Seguirá mirando a su alrededor, confuso. Quizá alguna arqueta, algún colector. Se cruzará con alguien que también tiene cara de estar oliendo a lo que huele cuando se sube uno a un ascensor vacío donde el anterior usuario se ha quedado a gusto y bien a gusto. Y le mira a usted, haciendo que incluso pueda llegar a pensar que a lo mejor es usted quien produce ese inclasificable aroma, a pesar de ser de ducha diaria, perfume en la piel y suavizante de olor en la ropa. Y se huele. Y, qué tranquilidad, resulta que no.

Porque nadie sabe de dónde sale ese hedor, ácido, putrefacto y nauseabundo, que de cuando en cuando inunda nuestra ciudad. Que si el vertedero, que si los abonos para los cultivos, que si procede de algunas de las múltiples fábricas que tienen su sede en los polígonos industriales. Pero nadie lo sabe. Por eso el Ayuntamiento ha decidido que va a poner a trabajar a sus más notables narices para que, cual sabuesos, encuentren y neutralicen ese rastro que sin duda afea la belleza de esta ciudad y su aire. Yo propongo una patrulla mixta de sesudos policías, reconocidos perfumistas, virtuosos sumilleres y, por qué no, alguno de esos vecinos que enseguida detectan en el autobús si alguien se ha duchado o no. Así. taken in Burgos, España by @vladimirconv
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10 days ago
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No sé si les pasa, pero, en ocasiones, la imagen que tengo de mí mismo no se corresponde con la que tienen los demás de mí. Y no, no me refiero a que alguien crea que yo soy más simpático o antipático de lo que en realidad soy, no, tiene más que ver con el hecho de que muchas veces me siento como si tuviera treinta años, o veintipocos, cuando en realidad ya tengo los cuarenta y todos. Y no, no es que yo sea un rebelde juvenil, ni nada de eso. Es que parece que mi mente se niega a procesar el hecho de que ya he vivido una parte importante de lo que debe ser mi vida. Tal cual.

El otro día, en una conversación, un veinteañero hablaba de un conocido mío, de mi misma edad, y se refería a él como «ese señor que», cosa que hizo saltar en mí todas las alarmas. «Cuidado», le dije. «Nada de ese señor, que tiene mi edad». Y la respuesta suya fue «Vladi, es que con cuarenta años ya eres un señor». Y ahí me caí del guindo. Tortazo de realidad, amigo. Ciertamente, soy un señor. Yo siempre había pensado que lo que marcaba la adultez es la primera vez que un niño se te dirige con un usted, en plan «¿Tiene usted hora?» o «¿Me devuelve usted la pelota?», pero no. Eso es una anécdota.

Eres un señor la primera vez que, cuando vas al médico, mientras revisa tus resultados de lo que sea, ya no te dice, «Eres demasiado joven para que tengas esto», sino «Vamos a ver si con esto lo arreglamos, que a tu edad hay que cuidarse». A tu edad hay que cuidarse. Yo, que estaba a la última en música, programas de humor, cine y videojuegos, y ahora ya solo escucho discos que cada vez cumplen aniversarios más altos, me sonrojo por lo tirando a casposillos que me parecen ahora ciertos humoristas que antaño me parecían lo más, podría hacer de padre de los grandes héroes que aparecen hoy en la gran pantalla y ya no puedo jugar a dos videojuegos a la vez porque se me cruzan los controles de ambos y la lío parda. Quizá esté abrazando ya sin darme cuenta mi señorez.

Así que nada, voy a ver si le echo un ojo a un plan de pensiones interesante que me ha recomendado un amigo, que ya tocaría mirarlo. by @vladimirconv
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25 days ago
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“Este No Soy Yo (Vol. XIII)”.

Y es verdad. Este de la foto no soy yo. Pero me representa.
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#NuevaFotoDePerfil #NewProfilePic #EsteNoSoyYo #EsteSoyYo by @vladimirconv
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a month ago
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Tengo un amigo que siempre me dice que todo lo que sucede es una cortina de humo lanzada por tal o cual poder para tapar alguna cosa de la que no interesa que se hable o se sepa. Por ejemplo, cree que el hecho de que ahora mismo se hable tanto de lo cara que va a ser la vuelta al cole y lo duro de la cuesta de septiembre, ya superadas las vacaciones y con los precios desbocados, es una cortina de humo para que no se hable tanto de Ceuta, Marruecos y las diferentes lecturas que ese tema tiene. “Hazme caso”, me dijo ayer, “todo lo de Ceuta y Melilla es un truco de mal mago para que no se hable del ático que han comprado para la presidenta de esa Comunidad Autónoma, es evidente”. Y cuando me dice esas cosas, le miro de soslayo y pienso que quizá sea verdad, que quizá tenga razón, quién sabe.

“Tú escúchame a mí”, me dijo a mediados de agosto. “Lo del ático es una flecha envenenada lanzada para que no se hable de que en los incendios tan pavorosos que se están produciendo hay muchos intereses ocultos; ahí hay mucha tela que cortar, pero no se va a llegar a saber porque los que ostentan el poder no quieren”. Asentí un poco como que no, y otro poco como que sí, y tomé un sorbo de mi café. “Es que está claro”, me dijo días antes, “el tema de los incendios en realidad no es para tanto, lo que pasa es que mientras con una mano atizan los fuegos, con la otra tapan lo de los juicios al hermanísimo y a la esposa, que es lo mollar. Ahí sí que hay sustancia, pero claro, qué nos van a contar”. “Claro”, musité mientras él hablaba, y me puse a pensar en mis cosas.

“Es que es inopinable”, me dijo otra tarde, “lo de los juicios a sus familiares no va a ninguna parte. Todo esto es para que no se hable de lo que la gente común quiere que se hable: España, bicampeona del mundo. No lo lograrán”. Miré un poco por encima el Marca y recordé que, apenas una semana antes, me había dicho lo que era “una certeza absoluta”, según él. “Es una certeza absoluta, te lo digo yo. Lo del Mundial de fútbol es una cortina de humo para que no se hable de Trump y lo harto que está de nosotros. Pero la gente no es tonta”. Y así hasta la próxima cortina de humo. O la anterior, que siempre hay. taken in Burgos, Spain by @vladimirconv
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a month ago
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Para quienes peinamos ya alguna que otra cana, el verano era algo diferente a lo de ahora. Era distinto, otra cosa. Al llegar a la vida adulta, ciertas fechas señaladas de la infancia cambian su significado, alterando su sabor. Y no es ni mejor ni peor, simplemente es distinto. Hoy día ya no soy tan veranista como cuando era niño. Me sigue gustando y sigue siendo especial, pero está muy lejos de lo que representaba entonces.

El verano para un niño era entonces un ente interminable, que parecía no llegar nunca y que, una vez asumido, deseabas que nunca acabase. Era playa, pueblo, mar, montaña. Era jugar por la mañana, por la tarde y, sorpresa, también por la noche. Eran tardes interminables con tus amigos en los que el sol parecía no ponerse nunca. Era ver El Coche Fantástico después de comer, era masticar chicles Cheiw de fresa ácida hasta que te daban la vuelta al cerebro con un sabor que pervive aún hoy en la memoria de cualquiera que se haya echado uno a la boca en su vida. Era alegría, eran sonrisas, era la vida.

El resto del año se utilizaba para planear qué se haría en verano. Eran viajes en coches con radiocasete pidiéndole a tu padre que pusiera tu cinta favorita, eran bicicletas de bicicrós con las que te creías el rey del mundo, eran colchonetas en el mar o cangrejeras para meterte en el río. Era despedirte de tus amigos del cole con la promesa de no olvidaros los unos a los otros y contaros todo cuando tocara volver a empezar el curso. Eran sueños por cumplir, era inocencia, era, otra vez, la vida.

En los veranos de mi infancia había canción del verano, había programas de televisión que no se emitían el resto del año, había un porqué, una razón, algo que te animaba a esperarlo. Y los helados. Dar la lata (y hasta cogerte un berrinche) para que te compraran uno, o alguna chorrada de un mercadillo, o un mosto, cualquier cosa. (Sigue en comentarios) taken in Burgos, Spain by @vladimirconv
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2 months ago
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Yo siempre llevo a gala allá por donde voy mi burgalesidad, y no por eso de cantar el himno a la menor ocasión, ni por lo de comer morcilla hasta para desayunar si se tercia. Yo no soy burgalés por ser seco y rancio castellano, aunque a veces sí lo sea, o por pensar, más bien saber, que la Catedral de Burgos es la más bonita de todas, que lo es. No. Yo llevo mi burgalesidad al extremo meteorológico, pues me declaro, abiertamente, parte de lo que las redes sociales denominan Team Invierno. Esto es, soy fan del frescor burgalés y no quepo en mí de gozo cuando salimos por la tele porque hace frío en febrero. Y eso es así. No en vano soy de la opinión de que un burgalés lo es más cuanto más gorda sea la rebequita que lleve a pasear bajo un sol de justicia tan solo por “si refresca” allá donde esté.

Es por esto que, como comprenderán, no estoy siendo nada fan de estas temperaturas veraniegas atorrantes con las que, cada vez con más frecuencia y cada vez durante periodos más largos, nos está obsequiando la naturaleza de un tiempo a esta parte. Treinta y pico grados no es lo que más apetece en esta ciudad salvo que puedas huir a alguna piscina o tirarte al río o buscar una sombra placentera y fresca, de esas que por suerte en nuestra ciudad abundan pero que, en plena canícula, se antojan escasas cuando del día a día se trata. Y ya sé, y ustedes también, que no es cosa exclusiva de nuestra región, ni de nuestro país, ni siquiera de la Península Ibérica. En el resto de Europa también se están cocinando a fuego lento, y puedo dar fe de ello pues hace apenas unas semanas estuve por Bélgica y lo que viví allí en cuanto a temperaturas no tendría nada que envidiar a un país tropical.

Y sé que hay gente que está tan a gustito con esta calorina del norte, porque “qué bien ahora que hace bueno”, pero seamos claros: lo ideal es que en verano haga calorcito, sí, pero no calor subsahariano. Igual que lo bueno es que en invierno haga fresco, pero no frío polar. Pero quizá esta sea ya una batalla perdida tras años hablando del cambio climático que algunos a pesar de todo no ven ni siquiera ahora, y de qué había que haber hech taken in Burgos, Spain by @vladimirconv
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3 months ago
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Cuando servidor, apenas diez años cumplidos, llegó a esta ciudad, con su familia, para quedarse, todo era diferente, más grande, sorprendente. Por un lado, con solo asomarme a la ventana y esperar unos minutos, veía pasar un tren sí o sí. Largo, corto, de mercancías o de ‘personajes’, como decía mi hermana. Por otro, cuando llegamos, aún pudimos disfrutar de algunos fuegos artificiales y de las barracas de las Fiestas de San Pedro cuando estos se lanzaban desde el Puente San Pablo y aquellas aún estaban en La Quinta. Así, entre trenes, fuegos artificiales y barracas transcurrían los días en un piso que, para mí, todavía no era el nuestro y en el que todo parecía raro y desconocido.

Todo cambia, supongo, y años después, las barracas estaban en La Milanera, los trenes seguían pasando y dando la lata, nuestro piso ya era nuestro piso y las Fiestas seguían siendo un momento a tener en cuenta. Salir de noche, ver a toda la gente que disfrutaba de estos días, ser, incluso, parte de una peña, para vivirlas a tope, eso era lo que había que hacer y lo que te hacía sentir parte de los festejos, con mayor o menor fortuna.

Y así el mundo siguió girando, y hubo un momento en el que los trenes dejaron de pasar por donde solían, cosa que a veces añoro, la que era mi casa pasó a ser la casa de mis padres, y yo tuve la fortuna de tener un piso al que, con el tiempo, llamé mi casa. Las barracas pasaron al Polígono del Vena y ya dejé de ir tanto como otros años. Después se fueron fuera de la ciudad y ya ni me acerqué. Los fuegos llevaban ya varios años siendo en distintos sitios de la ciudad y las verbenas y conciertos también se repartieron por toda la capital para que las fiestas fueran para todos, fueran de todos.

Y ahí está la clave. Estas Fiestas Patronales de San Pedro y San Pablo, los Sampedros, los de Burgos, serán mejores o peores, tendrán fuegos artificiales que asombren a los pequeños o aburran a los mayores, conciertos y verbenas con bandas más conocidas o más de andar por casa, pero siempre saldrán adelante, le pese a quien le pese y gobierne quien gobierne, por la gente. Por todos ustedes, por los que han sido y por taken in Burgos, Spain by @vladimirconv
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4 months ago
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Pues como no había quien parara de calor, decidimos dar una última vuelta por Mons, para observar su Colegiata de Santa Waudru, su Torre Belfort y su Plaza Mayor. Vimos algún mural en alguna fachada aledaña alguna que otra Iglesia más y un Sherman, mítico tanque estadounidense que tiene en sus calles a modo de monumento. Hicimos una visita obligada a Leónidas Chocolaterie y de allí nos fuimos al aeropuerto de Charleroi.

Con tiempo más que de sobra, comimos, nos tomamos un chutazo de frappé en el Starbucks y, tras mucho ir y venir y con no poco rato de espera, al final embarqué en el vuelo de vuelta, que discurrió sin nada reseñable salvo las nubes y el sol y que viajé con un piloto en el asiento de al lado que me explicó alguna cosilla sobre nubes y capas de aire caliente y frío mientras aterrizábamos en Barajas.

De allí, corre que te corre, a las lanzaderas, de allí a la estación de autobuses de la T4 y, de un salto, al bus y de vuelta a casa.

Y así se termina una de las mejores semanas de los últimos tiempos. Me hacía falta cambiar de aires y ver todo con otra perspectiva. Gracias al guía local por ser tres gentile. Hasta la siguiente.
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#Mons #Charleroi #Madrid #Burgos #JeSuisFatiguée taken in Mons Bergen by @vladimirconv
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4 months ago
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Pues todo hacía suponer que el penúltimo día de aventuras belgas iba a transcurrir entre cielo gris y las dos o tres cositas que nos quedaban por hacer, así que dimos un paseo por la zona del Parlamento y las embajadas, viendo patos en un parque cercano y carteles divertidos salvo para quien sufra la multa cuando oh, sorpresa, nos dimos de bruces con la visita del Emperador del Japón Naruhito y su esposa la Princesa Masakoa los reyes Felipe y Matilde de Bélgica. Allí estábamos, a unos cuarenta metros, entre la multitud interesada en tan egregia visita, y allí estuvimos hasta que se marcharon todos. Pensamos que igual nos daban algo de comer, ya que estábamos, pero fue que no.

Tras este inesperado suceso, pasamos de la nobleza y sus palacios a la Iglesia y sus catedrales, visitando la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, bonita incluso para los que estamos vacunados de este tipo de monumentos por el mero hecho de ser de Burgos. Ahí vimos todo tipo de cúpulas, arcos y arbotantes, vidrieras a todo color y esta lápida que me llamó la atención y dejó que mi mente pensara que lo mismo era la de un pirata.

Nos acercamos después al Museo del Cómic de Bruselas huyendo a la vez de la incipiente lluvia y, aunque estaba un poco desangelado y hacía CALOR, dimos una vuelta por todas sus exposiciones, viendo el origen de muchas de nuestras historietas (belgas) de infancia y comprobando que lo del frikismo de las cosas del cómic no es solo cosa de hombres. También había una chica. O dos. Y mientras unos descansaban leyendo cómic y otros se sacaban fotos con brazacos de estibador portuario, la mañana se convirtió en tarde, nos dimos un nuevo homenaje y aunque no pongo foto del gofre, doy fé de que lo hubo y, además, esto.
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#Bruselas #Brussels #CathédraleSaintsMicheleEtGudule #CentreBelgeDeLaBandeDessinée #JeSuisFatiguée taken in Brussels, Belgium by @vladimirconv
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4 months ago
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Yo no vine a Bélgica a pasar calor ni a Waterloo o a Gante a subir y bajar escaleras, pero aquí estamos. Tras peripecias varias a través de la campiña, llegamos a Gante prontito pero bajo un sol de justicia. Tanto que nos vimos obligados a atravesar un fresco parque local, el Citadel, antes de lanzarnos a las calles.

Por la zona universitaria, además de chavalería pudimos ver, desde una sombra, la Abadía De San Pedro y la Torre de los Libros, torre que, según el guía local, tiene como principal característica “ser alta”.

Pasito a pasito llegamos al centro neurálgico y turístico de Gante, visitamos la Iglesia de San Nicolás, subimos a la Torre Campanario de Belfort y vimos al dragón que estuvo en su cima durante 500 años haciendo de veleta, desde lo más alto vimos la panorámica de la ciudad, bajamos sus 91 metros de altura por una escalera de caracol terrorífica y después visitamos la Catedral de San Bavón, bonita incluso para uno de Burgos.

Una vez saciada el alma nos apretamos un buen tazón de Ramen para asustar al calor y estuvimos en el Castillo de los Condes, donde también había escaleras de caracol y cosas medievales. Hacía calor, y por eso me escondí un poco a la sombra, viendo desde las murallas pasar las barcazas y la vida de los ganteses, que así se llaman.

El mal humor se me fue mientras degustábamos nuevamente un gofre espectacular (esto es droga, mamá), y tras evitar ser atropellados por bicis, motos, coches, autobuses y tranvías pusimos fin a nuestra visita a Gante y volvimos al campamento base. Así.
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#Gante #Gent #BelfortTower #CastleOfTheCounts #JeSuisFatiguée taken in Gent, Belguim by @vladimirconv
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4 months ago
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Y como no podíamos parar quietos, también nos acercamos hasta Waterloo, para visitar el Museo Domaine De La Batalle, en el que te explican con todo lujo de detalles cómo fue que Napoleón llegó a nombrarse Emperador de una Francia cada vez más voraz y cómo tuvo en jaque a todas las monarquías europeas, que no sabían qué hacer para pararle los pies al pequeño pero impetuoso corso. Al menos hasta la batalla de Waterloo, en la que cayó derrotado por el Duque de Wellington y que, a la postre, desembocó en el final de sus días de gloria.

El Museo cuenta con todo tipo de artefactos antiguos y modernos para ponernos en situación. Gran inversión en lo audiovisual y muchas ganas de que vivas la experiencia como si hubieras estado allí. Armamento, ropajes, hasta huesos de alguno de los miles de soldados franceses y aliados que allí hallaron su muerte de manera cruenta.

Especial mención a los maniquíes que llevan los uniformes de todos los bandos que lucharon en la época, espectacular aunque lo suficientemente malrrollera para cualquiera que haya visto “Westworld”.

Tras esta capa cultural, tuvimos la osadía de subir los 226 peldaños y 41 metros de desnivel que te alzan hasta la cima de la colina en la que se colocó en 1995 la estatua de 28 toneladas de hierro de un león, símbolo de Bélgica. Pues lo hicimos, justo antes de despedirnos de los veteranos de guerra que son los beneficiarios de las ayudas que con este museo puedan ofrecerles.

Ah, también vimos un Citroën Tiburón (DS), y comimos bastante bien y pasamos mucho CALOR, pero eso no es relevante…
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#Waterloo #BrainlAlleud #MuséeDomaineDeLaBatalle #Napoleon #JeSuisFatiguée taken in Waterloo, Belgium by @vladimirconv
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4 months ago
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Creo que la única idea “fija” de este viaje era visitar el Mueseo Hergé, dedicado al mítico artista creador, entre otros, de Tintín.

Una vez que entramos en el museo, nos vemos envueltos en una espiral multicolor sobre la vida y la obra de la persona tras los lápices y la tinta del emblemático reportero trotamundos belga y todo el universo que lo rodea y que ha hecho de este personaje un icono. La exposición es inmersiva, hasta el punto de que puedes llegar a creerte parte de un álbum cualquiera de sus aventuras….

Bromas aparte, en el Museo Hergé hay una cantidad ingente de datos y documentos sobre la carrera de Georges Remi. Desde sus primeros escarceos con los lápices hasta la puesta en marcha de un estudio propio tras el fulgurante éxito de las aventuras de Tintín, Milú, el capitán Haddock y demás personajes. Vemos también la influencia de sus experiencias personales y del contexto histórico en el desarrollo de su personaje más famoso. Y, como si de un truco mágico se tratara, nos muestran también objetos físicos inspirados en las viñetas que a su vez fueron reflejo de los muchos objetos reales con los que Hergé salpicó su obra.

Hergé convertido en icono pop por Andy Warhol tras haber a su vez convertido a sus personajes en iconos pop eternos.

En fin, que gran visita que ha acabado, como no podía ser menos, en la cafetería del Museo. Yo aún diría más, en la cafetería del Museo Hergé.
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#MuséeHergé #MuseoHergé #LouvainLaNeuve #Tintín #JeSuisFatiguée taken in Musée Hergé by @vladimirconv
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4 months ago
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