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🧠 Uso las ciencias sociales para explicarte lo que pasa
👩🏻‍💻 Dra. (PhD) | Investigadora | Docente
📚 Teoría, libros y cultura
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El espacio urbano contemporáneo funciona como un dispositivo biopolítico donde, tal como señala Foucault (2007), la administración de la vida y de los cuerpos se articula para asegurar la producción y el orden. En este marco, la ciudad neoliberal concibe la calle primordialmente como un canal para la circulación eficiente de mercancías y capital (Harvey, 2013).
Bajo este paradigma, la irrupción del cuerpo del trabajador y de las masas organizadas que interrumpen el flujo cotidiano es interpretada por las clases dominantes como una ofensa al orden mercantil. Este rechazo visceral, conceptualizado por Rancière (1996) como un «terror estético», expresa el pánico de las clases medias ante la visibilización de sujetos que el sistema pretendía confinar a la periferia y a la invisibilidad.
Frente a la pretensión tecnocrática e individualista de una democracia digital o descorporizada, la praxis política exige la presencialidad, el antagonismo y el conflicto en el espacio público (Mouffe, 2007). La manifestación popular desarticula las dinámicas de dominación hegemónica y evidencia que toda protesta legítima debe incomodar, tensionar y fracturar la normalidad instituida para constituirse como un verdadero acto de emancipación.

Referencias
 * Foucault, M. (2007). Nacimiento de la biopolítica: Curso en el Collège de France (1978-1979). Fondo de Cultura Económica.
 * Harvey, D. (2013). Ciudades rebeldes: Del derecho de la ciudad a la revolución urbana. Akal.
 * Mouffe, C. (2007). En torno a lo político. Fondo de Cultura Económica.
 * Rancière, J. (1996). El desacuerdo: Política y filosofía. Ediciones Nueva Visión. by @tatysel
30
2 days ago
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¿Amor abnegado o trabajo invisible? Una lectura desde la economía feminista
La narrativa tradicional suele romantizar la maternidad bajo el mito del “amor incondicional”. Sin embargo, al desarmar la construcción social del cuidado desde la teoría crítica y la economía política, los datos revelan una realidad distinta: las tareas de crianza y mantenimiento del hogar constituyen la base material que sostiene la economía global.
Tal como analiza Silvia Federici, la naturalización del trabajo de cuidado no es un hecho biológico, sino una construcción ideológica del capitalismo para externalizar costos clave como guarderías, lavanderías y asistencia social.
 Biopolítica y el cuerpo inagotable: La asignación de roles de género asume una disponibilidad funcional infinita. Celebrar el trabajo de cuidados regalando herramientas de limpieza institucionaliza la jornada laboral continua sin descanso.
 El trabajo doméstico no remunerado (TDNR) representa una transferencia directa de valor desde los hogares hacia el mercado, sosteniendo el Producto Bruto Interno sobre la precarización física y emocional de las mujeres.
Desromantizar el agotamiento no es rechazar el afecto; es exigir derechos. Menos reconocimientos simbólicos un día al año y más corresponsabilidad real los otros 364 días.

Referencias Bibliográficas

Carrasquer, P., Torns, T., Tejero, E., & Romero, A. (1998). El trabajo reproductivo. Revista Española de Investigaciones Sociológicas (REIS), 84, 95-129. https://doi.org/10.2307/40184066
 Federici, S. (2018). El patriarcado del salario: Críticas feministas al marxismo. Traficantes de Sueños.
 Foucault, M. (2006). Nacimiento de la biopolítica: Curso en el Collège de France (1978-1979). Fondo de Cultura Económica.
 Pérez Orozco, A. (2014). Subversión feminista de la economía: Aportes para debatir sobre el conflicto capital-vida. Traficantes de Sueños. by @tatysel
73
4 days ago
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¿De qué barcos hablamos cuando hablamos de blanquitud?
El relato canónico de la excepcionalidad argentina se fundó sobre un axioma de importación: una nación blanca y europea anclada en el sur global. Sin embargo, la investigación sociohistórica demuestra que este discurso no describe la demografía; funciona como un dispositivo de jerarquización y disciplinamiento social.
Desde la perspectiva de la colonialidad del poder (Quijano, 2000), la modernidad articuló la noción de «raza» para clasificar a las poblaciones y legitimar la división internacional del trabajo. En el plano local, el «crisol de razas» operó como una tecnología asimilacionista orientada a invisibilizar las raíces indígenas y afrodescendientes, instituyendo la blanquitud como la única vía legítima de acceso a la ciudadanía (Segato, 2007).
En términos biopolíticos, la subalternización de los cuerpos racializados —del histórico «cabecita negra» a las identidades marrones actuales— traduce el estigma en sospecha policial y vulnerabilidad jurídica permanente (Fanon, 1961). La ilusión del pasaporte o el linaje de ultramar encubre una disonancia material: reivindicar la metrópoli europea mientras se habita la precarización estructural de la periferia.
Desarmar el mito del barco en la conversación cotidiana es el primer paso para interpelar las bases materiales de nuestra desigualdad.
¿En qué discursos cotidianos notás que este mito sigue activo para justificar privilegios?

Referencias bibliográficas (APA 7.ª ed)
 * Fanon, F. (1961). Les damnés de la terre. François Maspero.
 * Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En E. Lander (Comp.), La colonialidad del saber (pp. 201-246). CLACSO.
 * Segato, R. L. (2007). La nación y sus otros: raza, etnicidad y diversidad religiosa en tiempos de políticas de la identidad. Prometeo Libros. by @tatysel
173
6 days ago
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Biopolítica, racismo estructural y criminalización del cuerpo en la Argentina contemporánea
El mapa del miedo en los espacios urbanos no responde a un instinto neutral de autoconservación, sino a un dispositivo de control social profundamente racializado y de clase (Segato, 2007; Wacquant, 2000). Lo que discursivamente se justifica como “olfato policial” o “seguridad preventiva” es la reproducción contemporánea del positivismo criminológico del siglo XIX, cuyo máximo exponente, Cesare Lombroso, pretendió vincular la morfología biológica con la tendencia delictiva (Lombroso, 1876). Bajo la lente de la biopolítica (Foucault, 1976), el Estado ejerce la tecnología de poder sobre la población determinando qué cuerpos son legítimos en la vía pública y cuáles son construidos como el “enemigo interno”. La detención arbitraria por averiguación de antecedentes opera como una frontera física e ideológica entre la clase media y los sectores populares (Tonkonoff, 2012). En este engranaje, el racismo estructural no es un exceso individual, sino el principio organizador que exonera la delincuencia de cuello blanco —la evasión y la fuga de capitales— mientras hiperselectiviza la punitividad penal sobre la juventud periférica (Federici, 2004; Pitch, 2009). La violencia institucional, lejos de solucionar la inseguridad, funciona como un filtro de selección social que legitima el castigo sobre el cuerpo racializado.

Referencias bibliográficas 
 Federici, S. (2004). Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Trafantes de Sueños.
 Foucault, M. (1976). Historia de la sexualidad, 1: La voluntad de saber. Siglo XXI Editores.
 Lombroso, C. (1876). L’uomo delinquente [El hombre delincuente]. Hoepli. by @tatysel
135
9 days ago
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¿Por qué la culpa materna no es un fallo de organización individual, sino un dispositivo estructural del capitalismo tardío? La narrativa dominante insiste en vender la conciliación laboral como un asunto de gestión personal o de voluntad, perpetuando el mito de que el equilibrio entre la carrera profesional y la crianza es posible si tan solo las mujeres logran optimizar su tiempo. Sin embargo, desde la sociología de las emociones y la crítica biopolítica, esta culpa no representa un déficit ético o psíquico personal, sino el síntoma inevitable de habitar dos exigencias institucionales sistemáticamente incompatibles.
Tal como señala Eva Illouz (2007) en su análisis sobre la mercantilización de los afectos, la sociedad contemporánea impone a las mujeres una doble exigencia esquizofrénica: integrarse al mercado laboral hipercompetitivo como si no tuvieran responsabilidades de cuidado, mientras se les exige criar bajo los parámetros de la maternidad intensiva como si no tuvieran una jornada laboral que cumplir. Esta fricción constante no responde a una falta de capacidad, sino a una contradicción de diseño que garantiza que la mujer se sienta en falta tanto en la oficina como en el hogar.
En esta misma línea, la dimensión biopolítica del problema expone cómo el capital convierte el tiempo de vida en rentabilidad, forzando la tercerización del cuidado a través de la privatización de la crianza o la precarización de otras mujeres en el sector doméstico (Federici, 2013; Pérez Orozco, 2014). Lo que el discurso corporativo promueve como “empoderamiento profesional” opera, en realidad, como un extractivismo de la presencia que despoja a las familias del tiempo físico de vinculación para absorber su fuerza de trabajo (Foucault, 2007). Desarmar la culpa exige politizar el malestar, desplazando la pregunta de la insuficiencia personal hacia la crítica de una estructura socioeconómica que sostiene su rentabilidad a costa de la salud emocional de las madres.

📚 Referencias Académicas 
 Federici, S. (2013). Revolución en punto cero: Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Traficantes de Sueños. by @tatysel
76
11 days ago
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El monopolio de la moral y la violencia simbólica del ciudadano “de bien” 🧠🏛️
¿Por qué la categoría socio-política de “gente de bien” o “argentinos de bien” resulta tan eficaz como dispositivo de dominación?
En la sociología contemporánea y la teoría crítica, el uso de construcciones morales para delimitar la ciudadanía no es ético, sino estratégico y clasista.
Según Pierre Bourdieu (La Distinción), las élites y las clases medias aspiracionales ejercen un monopolio sobre el capital cultural y moral. Decirse “gente de bien” no describe una conducta real, sino que funciona como un mecanismo de violencia simbólica: quien detenta el poder de definirse como “el bien” despoja automáticamente al disputante (movimientos sociales, sectores vulnerados) de legitimidad ética y política.
En términos foucaultianos (Defender la sociedad), esta retórica establece un racismo de Estado/discursivo. La “gente de bien” delimita los cuerpos que merecen protección institucional frente a las poblaciones “desechables” o “peligrosas” cuya sola protesta exige neutralización o represión. La “estética de la moral” exime al de corbata o al fugador de divisas porque posee el habitus reconocido, mientras penaliza al
Las clases dominantes no solo acumulan capital económico; también despliegan un extractivismo moral. Se apropian de los valores republicanos y patrióticos para justificar dinámicas de acumulación por desposesión (Harvey) e inflación de márgenes de ganancia, transfiriendo la culpa del deterioro estructural hacia el gasto social.

📚REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Bourdieu, P. (1979). La distinction: critique sociale du jugement. Editions de Minuit. [Ed. en español: La distinción: criterio y bases sociales del gusto. Taurus, 1998].
Foucault, M. (1997). II faut défendre la société: Cours au Collège de France (1975-1976).
Seuil/Gallimard. [Ed. en español: Defender la sociedad. Fondo de Cultura Económica, 2000].
Harvey, D. (2003). The New Imperialism. Oxford University Press by @tatysel
23
13 days ago
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¿Falta de amor familiar o crisis estructural de los cuidados?
La institucionalización de la vejez suele leerse desde una clave moralizante que culpabiliza a las familias por el “abandono” de sus adultos mayores. Sin embargo, la sociología crítica y la economía feminista demuestran que el colapso de las redes de cuidado no es un déficit ético individual, sino una consecuencia directa de la reorganización capitalista del trabajo (Fraser, 2020).
En el marco del capitalismo financiarizado, la reproducción social —aquellas actividades no remuneradas indispensables para sostener la vida humana— es sistemáticamente desvalorizada y subsumida bajo la lógica de la productividad (Federici, 2013). La aceleración de las jornadas laborales y la precarización de los ingresos impiden que las familias dispongan del tiempo material necesario para asumir la atención directa de la vejez.
Frente a esta imposibilidad estructural, el mercado interviene mercantilizando la fragilidad: el envejecimiento improductivo es segregado en “depósitos biopolíticos” donde la vida se administra en función de su rentabilidad económica (Foucault, 2007; Agamben, 1998). Este “extractivismo del afecto” transforma el agotamiento laboral de los cuidadores y la soledad de los ancianos en una fuente lucrativa para la industria de la salud privada.
Politizar el tiempo de cuidado no es solo una urgencia ética para garantizar una vejez digna hoy; es la única estrategia para reconfigurar las bases de la sostenibilidad de la vida antes de que el mercado decida el valor de nuestro propio futuro.

Referencias bibliográficas 
 Agamben, G. (1998). Homo sacer: El poder soberano y la nuda vida. Editora Nacional.
 Federici, S. (2013). Revolución en punto cero: Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Traficantes de Sueños.
 Foucault, M. (2007). Nacimiento de la biopolítica: Curso en el Collège de France (1978-1979). Fondo de Cultura Económica.
 Fraser, N. (2020). Los talleres ocultos del capital: Un mapa para la izquierda crítica. Traficantes de Sueños. by @tatysel
211
16 days ago
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La tiranía del «Talle Único»: Violencia simbólica, biopolítica y exclusión en la industria textil argentina
Cuando nos probamos una prenda que no nos entra, la reacción inmediata suele ser la autoculpa. Sin embargo, desde las ciencias sociales es urgente desplazar el problema del cuerpo individual hacia las estructuras de producción y consumo. La estandarización textil bajo la categoría arbitraria de «talle único» no constituye un mero descuido técnico o un ahorro de costos; funciona como una tecnología biopolítica de regulación corporal y una forma de violencia material ejercida sobre la población.
Como señala Nancy Fraser en su teoría sobre la justicia social, el reconocimiento es una dimensión inseparable de la distribución. Negar la existencia de la diversidad corporal en los percheros implica privar a ciertos sujetos del derecho al reconocimiento y a la participación plena en la vida pública en condiciones de paridad. En el contexto local, la sistemática omisión de la Ley de Talles (Ley 27.521) por parte del mercado formal opera como una “tasa” o impuesto implícito sobre los cuerpos no hegemónicos, obligándolos al circuito de la marginalidad comercial o al sufrimiento subjetivo en el espacio panóptico del probador.

Referencias bibliográficas
Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. Anagrama.
Foucault, M. (2006). Seguridad, territorio, población: Curso en el Collège de France
(1977-1978). Fondo de Cultura Económica.
Fraser, N. (2006). Rethinking recognition: Overcoming displacement and reification in cultural politics. In B. van den Brink & D. Owen (Eds.), Recognition and Power: Axel
Honneth and the Tradition of Critical Social Theory (pp. 167-190). Cambridge University
Ley N.° 27.521. Sistema Único Normalizado de Identificación de Talles de Indumentaria
(SUNITI). Honorable Congreso de la Nación Argentina, 20 de noviembre de 2019. by @tatysel
20
18 days ago
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La geografía del descarte: por qué Ezeiza no te saca del sistema, te cambia de estante

Nos convencieron de que cruzar la cordillera o el océano es un acto de emancipación individual, cuando en realidad es el engranaje final de una maquinaria mucho más compleja. Como explican teóricos de la talla de Saskia Sassen y Zygmunt Bauman, la migración masiva por motivos económicos no destruye las lógicas del capitalismo global: las recicla, las optimiza y las aprovecha al máximo.
El truco de magia del sistema es perfecto y perverso a la vez. Los países de la periferia invierten sus escasos recursos en sostener educación pública y formación profesional de calidad. Una vez que el sujeto está listo, las economías centrales lo absorben sin haber puesto un solo centavo en su crianza ni en su instrucción. ¿Para qué? Para reasignarlo de inmediato a los márgenes del mercado laboral: trabajos de baja calificación, sobrexplotados y carentes de garantías formales.
Lo que se romantiza como el “triunfo del migrante emprendedor” suele ser, en la práctica, un ejercicio implacable de despojo. Se cambia el ahogo inflacionario del sur global por la precarización legal y la invisibilidad social en el norte, cobrándote un peaje altísimo en términos de salud mental, lazos rotos y desarraigo cultural. El problema estructural no se disuelve cambiando de huso horario; solo cambia de formato.

Referencias bibliográficas
Bauman, Z. (2005). Vidas desperdiciadas: La modernidad y sus parias. Paidós.
Sassen, S. (2015). Expulsiones: Brutalidad y complejidad en la economía global (S. Mastrangelo, Trad.). Katz Editores. by @tatysel
269
20 days ago
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El espejismo del “emprendedor” contemporáneo: ¿Innovación o precarización transferida?
El discurso hegemónico contemporáneo ha logrado una jugada lingüística perfecta: rebautizar la exclusión laboral como “libertad de elección”. Desde la lectura sociológica, la romantización del emprendedurismo de supervivencia no es más que la transferencia sistemática del riesgo financiero hacia el eslabón más débil de la cadena, desregulando el trabajo formal bajo la falsa promesa de la autorrealización.
En las llamadas sociedades de rendimiento, el imperativo de “ser tu propio jefe” opera como un dispositivo de autoexplotación extrema, donde el individuo asume voluntariamente jornadas maratónicas y costos de producción que antes correspondían a las estructuras corporativas. Cuando el empleo asalariado se desvanece y la única salida es la supervivencia en condiciones de precariedad absoluta, el sistema no premia la innovación; simplemente privatiza la angustia y culpa a la víctima por el colapso del mercado.

Referencias bibliográficas
Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder Editorial. by @tatysel
180
23 days ago
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La imposibilidad de las generaciones jóvenes para alcanzar los hilos tradicionales de la adultez —independencia habitacional, estabilidad financiera o proyección de vida— no responde a un déficit individual de esfuerzo o competencia. Desde la sociología del trabajo y la economía política, este fenómeno se analiza como una desarticulación estructural de la movilidad social intergeneracional.
La teoría del capital humano planteaba que a mayor inversión en educación y cualificación, mayor sería el retorno económico y la seguridad laboral. Sin embargo, en el marco del capitalismo tardío y la financiarización de la vivienda, esta ecuación colapsó: el fenómeno de la sobrecualificación convive con la precarización y la devaluación salarial sistemática. Paralelamente, la acumulación de activos patrimoniales (bienes raíces, renta financiera) se ha concentrado fuertemente en cohortes de mayor edad, bloqueando el acceso de los jóvenes a la propiedad y forzándolos a prolongar la cohabitación familiar (adultez emergente forzada).
En términos sociológicos, esto genera una disonancia cognitiva estructural: la contradicción entre las expectativas sociales construidas sobre el mérito individual y la realidad material de los “futuros perdidos” (hauntología). Entender la precarización como un rasgo del sistema y no como un fallo personal es el primer paso para desmantelar la culpa individual.
Referencias bibliográficas 

 Arnett, J. J. (2000). Emerging adulthood: A theory of development from the late teens through the twenties. American Psychologist, 55(5), 469–480. https://doi.org/10.1037/0003-066X.55.5.469
 Chauvel, L., & Schröder, M. (2014). Generational inequalities across OECD countries: The secondary scarring effect of the economic crisis for the young. Social Indicators Research, 117(1), 279–294. https://doi.org/10.1007/s11205-013-0346-
 Fisher, M. (2014). Ghosts of my life: Writings on depression, hauntology and lost futures. Zero Books.
 Standing, G. (2011). The precariat: The new dangerous class. Bloomsbury Academic. by @tatysel
48
25 days ago
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El “bajón del domingo” no es melancolía: es estrés anticipatorio e inclinación al trabajo de reproducción

Esa sensación de opresión física que aparece el domingo al atardecer —coloquialmente llamada Sunday Scaries— tiene una explicación neurobiológica y sociológica profunda. No se trata de un simple cambio de ánimo; es la respuesta del eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal) ante la percepción de una amenaza inminente: el reinicio del ciclo laboral.
Durante la semana, el organismo opera bajo niveles sostenidos de cortisol y alostosis (el desgaste acumulado por estrés). Al llegar el fin de semana, el cuerpo intenta realizar una regulación homeostática acelerada. Sin embargo, cuando el descanso se convierte únicamente en una herramienta para reparar la capacidad física y cognitiva de volver a producir, el ocio pierde su dimensión restitutiva y se transforma en trabajo de reproducción de la fuerza de trabajo.
Desde la biopolítica y la sociología del trabajo, la incapacidad de desconectar no es un fallo individual de “gestión del tiempo”, sino el resultado de la colonización del tiempo libre por la carga mental anticipatoria y las tareas de mantenimiento de la vida (cocinar, limpiar, organizar la semana). El domingo deja de ser un espacio de soberanía personal para convertirse en una sala de guardia donde el cuerpo solo se recupera para no colapsar el lunes.

Referencias bibliográficas
 * Han, B.-C. (2015). La sociedad del cansancio (2.ª ed.). Herder Editorial.
 * Marx, K. (2008). El capital: Crítica de la economía política (Vol. 1). Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1867).
 * McEwen, B. S. (1998). Protective and damaging effects of stress mediators. New England Journal of Medicine, 338(3), 171–179. https://doi.org/10.1056/NEJM199801153380307
 * Vollenbroek, J. R., Van den Bossche, S. N. J., & Kompier, M. A. J. (2021). The “Sunday Scaries”: Anticipatory stress and the transition from leisure to work. Journal of Occupational Health Psychology, 26(4), 312–325. https://doi.org/10.1037/ocp0000288 by @tatysel
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